Nos han engañado.
Hemos caído como mariposas de seda en la tela de araña invisible que tejieron
para atraparnos. La tela de araña son sus valores, elaborados con el hilo
transparente de sus ideas e intereses. Buscábamos la igualdad y la libertad, y
ellos tomaron nuestras palabras trocándolas en su igualdad y su
libertad, convirtiéndolas en los hilos con los que tejer la tela de araña de su democracia. Ése era el conjunto. Y a
él acudimos inconscientes de lo que nos esperaba, creyendo que la tela que nos
atenazaba era el manto que protegería nuestros deseos.
Formamos
parte, ya, de esa tela, y las arañas, ahora, pueden acercarse a succionar
nuestro ser sin temor a que escapemos. En vano revoloteamos, porque sólo
conseguiremos el balanceo inútil de la tela que no se romperá.
¿Qué
habría pasado si hubiésemos sabido de la existencia de la tela de araña, si
hubiéramos tenido conciencia de que caer en ella supondría nuestro final? Pues,
que las arañas se habrían quedado esperando impacientes nuestra llegada,
habrían aguardado hambrientas su alimento, pero la tela de araña se habría ido
rompiendo con el tiempo y las propias arañas habrían desaparecido.
Quizás
ha llegado la hora de hacer balance: una democracia que en la realidad, no en
la teoría, beneficia a unos pocos, es una tela de araña para los muchos. Una
democracia que permite que una sola persona muera de hambre es un insulto a la
moral. Pero, la tela de araña que forma la falsa democracia no se puede romper
formando parte de ella, sino dejándola pudrirse en la soledad de quienes la han
tejido.
Somos mariposas
de seda…