lunes, 6 de enero de 2025

Tener y ser: la vida

Parafraseando el título de una de las últimas obras de E. Fromm, me propongo analizar la relación que, explícita o implícitamente, se ha ido estableciendo entre la persona y la vida, relación que se refleja en el lenguaje.
Centrándome en el castellano, tenemos múltiples expresiones que manifiestan una relación de posesión de la vida por parte de la persona; así, por ejemplo, decimos "le ha quitado la vida", "le debe la vida", "dio su vida por...", "se jugó la vida", etc. En todos los ejemplos citados, y en otros muchos, la vida es algo que se tiene y que se puede dar y quitar, por tanto. Sin embargo, la realidad dista mucho de ser así, salvo que creamos en un ser, llamémosle dios o como se quiera, causante de la vida, pero, en este caso, entramos en el mundo de la irracionalidad. Efectivamente, no existe un previo de persona a la que en un momento dado se le otorga o presta -según distintas versiones- la vida, como tampoco existe un posterior de persona, una vez que la vida ha terminado por las razones que sean. El óvulo y el espermatozoide SON seres vivos, y su unión, en el caso de los humanos, es la que posibilita que nazca un ser vivo al que llamamos persona. SOMOS, pues, seres vivos, no algo o alguien que tiene vida. 
Esta evidencia ha estado y está enmascarada por una visión de la vida como algo que no nos pertenece, y las consecuencias de esta creencia -que carece de todo fundamento racional- tienen un gran alcance, pues impregna muchos ámbitos de la vida social, desde la moral a la legalidad, pasando por las costumbres y el arte. 

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