viernes, 1 de mayo de 2026

Lo real y lo posible


 

El catedrático de psiquiatría, Miguel Gutiérrez, escribió un artículo (Suicidio asistido y salud mental. El Correo, 27-3-2025), a propósito del caso de Noelia Castillo -la joven parapléjica que solicitó y, después de varios retrasos provocados por la intervención de su padre a través de Abogados cristianos, logró que se le aplicara la eutanasia- en el que defiende que el dolor, sea físico o mental, no es motivo para que se le ayude a morir a quien lo padece. Estas son sus palabras: Si el dolor habla con voz absoluta, la obligación ética de una sociedad decente debería ser mantener abierta la opción de seguir viviendo”.

Aunque no se declare seguidor de ninguna religión, sus pseudoargumentos, es decir, sus falacias coinciden con las empleadas por quienes desde el ámbito religioso niegan que la eutanasia, la ayuda a morir, deba ser un derecho, tanto en el caso de personas con enfermedades “mentales”, como en el de quienes sufren dolor en grado sumo.

En ambos casos, el motivo que utiliza para negar el derecho a la ayuda para morir es el mismo: la posibilidad de que el daño, tanto físico como “mental”, pueda ser superado en un futuro (“…las víctimas de trauma extremo pueden reconstruirse”). Esta falacia se sustenta en colocar al mismo nivel de realidad lo que era la distinción aristotélico-tomista entre potencia y acto, es decir, algo que es y algo que puede ser. En este caso se trataría de afirmar que son igualmente reales el dolor sentido (que es) y la solución posible (que puede ser) a ese dolor. Esto que, a primera vista, suena tan bien, tiene unas consecuencias inaceptables desde el punto de vista ético, que parece ser el que le interesa resaltar a Miguel Gutiérrez. En efecto, bajo la aparente buena intención de albergar esperanza acerca de una posible solución futura de una enfermedad, sea del tipo que sea, se ignora la actualidad (realidad) del dolor, el sufrimiento que no sabe de futuribles, menos aún cuando quienes defienden esos futuribles no son quienes padecen el sufrimiento.

Además, Miguel Gutiérrez comete el error muy extendido de extraer conclusiones generales de casos particulares cuando sugiere que quien solicita la ayuda para morir lo hacen por un trauma o por el fracaso del entorno como serían las listas de espera interminables, falta de psicoterapia especializada, escasez de apoyo psiquiátrico, soledad, pobreza y abandono institucional pueden empujar a una persona hacia la idea de que la muerte es la única salida. Nadie duda de que existen casos como los que él relata, pero concluir que no cabe la posibilidad de que la decisión de solicitar la ayuda para morir, no sea producto de esas situaciones, es una falsedad, como lo demuestra el caso de Noelia y otros muchos más.

Como ya señalé en otro artículo (El suicidio libremente elegido. Naiz, 4-3-2026) no todos los suicidios están relacionados con enfermedades “mentales”, ni con abandonos, ni con carencias, sino que, en ocasiones, se da el libre deseo de morir fruto de la reflexión y de llegar a la conclusión de que la vida carece de sentido. Ese fue, sin duda, el caso de Noelia: en absoluto como resultado de una depresión pasajera, sino como valoración personal acerca de su vivir elaborada durante años. Por eso, quienes debían otorgarle el permiso para poder ejercer su derecho a la ayuda para morir (dos profesionales de la medicina, más una comisión formada por personas de los ámbitos sanitario y del derecho) lo hicieron después de estudiar su situación médica y tener varias entrevistas con ella.

Cuestionar la decisión de aprobar la eutanasia de Noelia es cuestionar la labor de todas esas profesionales y, lo que es peor desde el punto de vista ético, supone dar prioridad a un futuro inexistente frente al dolor real presente y sufrido durante años. Por eso, cuando M. Gutiérrez dice que “en el suicidio asistido aplicado a personas con trastornos mentales tratables o con estados depresivos potencialmente curables, la cautela no es crueldad” está manipulando la realidad para conducirnos a la conclusión que, en su caso, es un axioma. Efectivamente, nadie cuestiona que las solicitudes de suicidio asistido debidas a problemas “mentales” tratables y curables deben ser valoradas con cautela, pero lo que ocurre es que no todas las enfermedades son tratables ni todas las solicitudes tienen que ver con enfermedades “mentales” tratables y curables. Es él el que convierte en fruto de enfermedad “mental” tratable y curable, lo que es sufrimiento y dolor incurables y permanentes.

En línea con lo dicho hasta ahora, he sido testigo directo la experiencia de una persona con un cáncer terminal incurable a la que mantuvieron con vida bajo el argumento del milagro o de la supuesta aparición de un medicamento salvador días antes de que muriera con sedación terminal. Lo que en realidad se esconde tras esa supuesta ética salvadora, en la mayoría de los casos, es la negación de que la vida nos pertenece, de que somos las dueñas de nuestro cuerpo, incluido, claro está, nuestro cerebro y su funcionamiento, eso que se empeñan en llamar “la mente”.

Quien, llegado el momento de decidir si seguir viviendo o solicitar la ayuda para morir, decide no seguir viviendo merece el mismo respeto que quien decide conscientemente seguir viviendo. Ni más ni menos.

De monumentos y barricadas antifascistas



Ramón Contreras insiste por enésima vez, con su artículo “El Monumento a los Caídos: por un debate sin trincheras”, en la defensa de la “intervención crítica”. Esperando que mi tono no le incomode, envío estas reflexiones a propósito de su escrito.

El ser antifascista no equivale a pertenecer a una iglesia. Antifascistas se reclaman muchas personas con las que solamente puede unirnos, ideológicamente, el adjetivo en cuestión. Nada más. Pero, a partir de ahí, no nos debemos nada, ni tenemos siquiera por qué llevarnos bien. Basta que Contreras recuerde las maravillosas relaciones que tenían los antifascistas en tiempos del tirano. Lo que se cuenta en “La vida de Brian” se queda corto…

Así que, no caigamos en el buenismo ni intentemos desviar el tema con besos más falsos que el de Judas. Aquí hay un debate de ideas duro como la piedra, no un espectáculo dialéctico al estilo de las disputatio medievales (aunque algunas de ellas acabaran, ciertamente, a pedradas).

En este debate lo que importan son las ideas referentes al tema en discusión, es decir, a qué hacer con el monumento fascista a Los Caídos. Y, le guste o no a R. Contreras, aquí si hay bandos enfrentados a ambos lados de una barricada: quienes quieren mantenerlo y quienes quieren hacerlo desaparecer. Y no deberíamos caer en la tentación aristotélica de pensar que en el medio está la virtud cuando coloca su posición, que pretende ser un “instrumento pedagógico” para afirmar la democracia (?) frente al fascismo, entre la de la derecha navarra que lo quiere convertir en museo y la de quienes defendamos su demolición, que, por cierto, también es muy pedagógica, porque bastará con colocar una placa bien visible en el que se recuerde que allí hubo un monumento fascista que fue derruido por quienes se enfrentaban a ese fascismo.

No dudo de la buena intención de quienes defienden esa intervención pedagógica, pero no se trata de juzgar intenciones sino argumentos. Y la clave de toda la argumentación de R. Contreras se recoge en este párrafo: “Si la mirada se dirige únicamente al pasado, el derribo del Monumento puede parecer la solución más evidente. Pero si pensamos también en el presente y en el futuro −en generaciones que no han vivido la dictadura franquista−, la intervención crítica del Monumento puede convertirse en una herramienta pedagógica de gran valor”. Este supuesto argumento es candorosamente falso, porque da por supuesto que el futuro va a ser el que a él y a otras muchas personas nos gustaría, es decir, habitado por generaciones antifascistas que explicarán a sus vástagos la historia de ese monumento desde la perspectiva antifascista. Evidentemente, Ramón, y quienes defienden su misma postura, no ha caído en la cuenta de que en el futuro no muy lejano puede ser la derecha, incluida la fascista, que la hay, la que tenga el poder político para volver a darle otra “intervención crítica” contraria a la que él propone.

Esa nefasta posibilidad no se daría si el mamotreto monumental desapareciera.

Ipuin tristea


Ordulariari begira zegoen Miren, bere desioari jaramonik egingo ez zitzaion orduaren zain. Eta negar egiten zuen.


Ulertu ulertzen zuen une jakin batean elkar maite duten pertsonek beste une batean utz diezaioketela elkar maitatzeari eta egoera horren arrazoiak aitak egindako zerbaitekin zerikusi handiagoa zuela susmatzen zuen, baina ez zuen askoz gehiago jakin nahi izan. Hala ere, zein zaila egiten zitzaion helduen mundua ulertzea! Izan ere, ahizpa txikiarekin eta amarekin bizi nahi zuen, baina Auzitegi Nagusia zeritzon “gauza” batek erabaki zuen berak nahi zuena ez zela kontuan hartuko eta, nahi ala ez, aitarekin egon behar zuela amarekin zuen denbora berean. Txikia izan arren, beti hartaz eta bere ahizpaz arduratzen zena bere ama zela gogoratzen zuen: arropa erosten ziena, janzten zituena, garbitzen zituena eta oporretan haiekin jolasten zuena, eskolara eramaten zituena, igeri egiten, bizikletan ibiltzen, irakurtzen erakusten ziena, beti hor egoten zena, aitak bere zaletasunetako bat ere alde batera utzi ez zuen bitartean (lagunak, bizikleta, futbola...). Ez zekien hori auzitegi horren erabakian kontuan hartzen zen ala ez, baina berak bera eta bere arreba sentimendurik gabeko gauzak balira bezala banatzeko erabakia hartuko zutenei azaldu nahi izango zien. Baina ez zuen aukerarik izan.

Izan ere, auzitegi horren erabakiaren aurretik, beste auzitegi batek psikologo batekin kontsultaren bat izatera behartu zuen. Psikologo horrek, txostenean, aitarekin bizitzera behartzea zein negatiboa izango zen azaldu zuen, eta, horregatik, amarekin aitarekin baino denbora gehiago egotea erabaki zuen.

Zer gertatu zen beste epaimahai batek, garrantzitsuagoa zela esaten baitzuten, beste zerbait erabaki eta ordura arte berdina izan ez zena berdintasunean partekatzera behartzeko? Egin al zuten aurrekoaren ondorioak aldatu zituen beste txosten psikologikorik? Bazekien ezetz, ez ziotelako berriro horretarako deitu. Orduan, zergatik erabaki zuen auzitegi garrantzitsu hark bere egoera eta nahiak kontuan ez hartzea?

Berak islatzen zuen minagatik zaintzen zutenek sentitzen zuten minari erreparatzen zion, eta nahasia sentitzen zen, etengabe entzuten baitzuen haurren nahiak kontuan hartu behar zirela, baina, egia esateko, ez ziren aintzat hartzen. "Seme-alabarik izango al dute erabaki horiek hartzen dituzten pertsonek?", zioen bere artean. "Eta, eduki ez arren, ez al dira gai haurrei entzuteko eta ulertzeko?". Eta negar egiten zuen.


La información es poder

 



Existe una cultura, en la mayoría de las organizaciones sociales, consistente en reservar la información a las élites dirigentes y en filtrarla, según los criterios de esa élite, al resto de las personas que forman parte de las mismas.

Sorprende que sea así justamente cuando más información manipulada y manipuladora nos inunda, al margen de nuestra voluntad, a través de los distintos canales por los que se puede transmitir.

Quizás se pueda entender que en las organizaciones políticas y sindicales la información deba ser controlada por razones tácticas y/o estratégicas, como puedan ser iniciativas de acción que, de conocerse al margen de las propias organizaciones, podrían dar al traste con los objetivos de dichas iniciativas. Pero, si no es ese el caso, ¿qué criterio se puede utilizar para decidir cuándo una determinada información debe ser limitada y cuándo no? Podría aceptarse que toda información que tenga incidencia directa en la vida de las personas debería ser conocida por ellas sin excepción. A modo de ejemplo, y tengo conocimiento de que en muchas ocasiones no es así, en las negociaciones de un convenio laboral, las personas que se van a ver afectadas por lo que se decida en ella deberían tener toda la información de dichas negociaciones, porque quienes negocian las están REPRESENTANDO y NO SUSTITUYENDO.

Es fundamental comprender qué significa representar en cualquier ámbito de la vida social y, en la misma línea argumentativa, también es fundamental comprender qué significa delegar. Las personas delegadas o representantes nunca deberían tomar decisiones que no hayan sido consultadas con y valoradas por sus representadas, para lo que es imprescindible que estas hayan recibido toda la información necesaria para poder elaborar su propio criterio.

Como vivimos en una sociedad que, cada vez más, se abstiene de involucrarse socialmente, es decir, políticamente (porque todo lo social es político y viceversa) se está extendiendo la idea y, lo que es peor, llevada a la práctica, de que las organizaciones deben ser gestoras de los intereses de la ciudadanía sin que esta deba hacer otra cosa que reclamar determinados servicios a cambio de una cuota o de nada. Ese planteamiento, heredero e inculcado por la mal llamada transición a la democracia, es lo que explicaría la crítica interminable en los bares y cafeterías, en los estadios deportivos o en las reuniones entre amistades y la cada vez menor implicación personal en la solución de los problemas sociales de cualquier tipo. De ahí, quizás, la tentación de muchas personas que sí participan en las distintas organizaciones de asumir esa apatía social y de alimentarla bajo el argumento de que “la gente no tiene interés en ser informada”. En realidad, es esa una actitud selectiva, paternalista y temerosa de lo que el falso demócrata que fue Ortega y Gasset denominaba “las masas” que, en realidad, no son otra cosa que el pueblo, la ciudadanía toda. Y digo temerosa porque la información, y el conocimiento que posibilita, es poder, como nos alertaron F. Bacon y T. Hobbes, y que sea distribuida equivale, en gran medida, a distribuir el poder, es decir, a democratizarlo. Además, la información transmitida puede ser aceptada o rechazada por quien la recibe, lo que le da libertad de decisión al respecto, mientras que la información no transmitida elimina cualquier posibilidad de decisión libre.

Es cierto, todo hay que decirlo, que las organizaciones son menos manejables cuanta más información se comparte, y, quizás por ese motivo, las personas que aspiran al poder político son reacias a compartirla incluso entre sus miembros. Sin embargo, lo que nunca debería ser justificable es que eso mismo suceda en aquellas otras organizaciones que no tienen como objetivo alcanzar ese poder sino el logro y la defensa de determinados derechos, como son, por ejemplo, las asociaciones creadas en favor de los derechos al aborto, a la memoria histórica, a la eutanasia, de las personas inmigrantes, etc. es decir, aquellas que están constituidas para fines concretos al margen de las organizaciones políticas o sindicales, aunque puedan guardar relación con ellas. En estas, la ausencia de información es no solo un error, sino una inmoralidad.

A favor de la transparencia


 

Hace poco que hemos sabido que Koldo García grababa muchas de sus conversaciones. Si hacemos caso a las declaraciones de unas y otras, es comúnmente admitido que este comportamiento es muy censurable desde el punto de vista de la moral social y, por ello, casi sin excepción, se habla con desprecio en la mayoría de los medios de comunicación (?) sobre lo que ha hecho Koldo y más aún si nos fijamos en lo que han manifestado sus compañeros de partido y los miembros de otros partidos; entonces, al desprecio se le añade también el desengaño y la alegría indisimulada por el mal ajeno, respectivamente.

Gracias a lo que se puede llamar “el caso Koldo”, además, se está difundiendo un mensaje nauseabundo, desde mi punto de vista, en el mundo de la política, que viene a decir que, a partir de ahora, no podremos confiar ni en los más cercanos. Sin embargo, no es el primer aviso que aconseja y empuja a la desconfianza el que nos llega a través de Koldo, ya que la policía infiltrada en los movimientos sociales ha sido y es una cruda realidad que siempre ha existido, como se ha confirmado recientemente en Madrid y Cataluña, lo que, sin duda, no busca generar confianza, precisamente.

¿Qué es lo que se quiere conseguir con esto? Que las fuerzas de la izquierda se desgasten más en el control interno que en la actividad exterior. No deberíamos picar ese anzuelo, pero está claro que hay que cambiar algo en el funcionamiento de las instituciones (partidos y sindicatos de izquierda) para no facilitar esos comportamientos tan astutos como inmorales.

Todo lo relacionado con Koldo ha puesto de manifiesto la corrupción de esta sociedad, pero no sólo porque demuestra que la desconfianza y las traiciones se pueden encontrar en todas partes, no, sino porque demuestra que la libertad que tanto se proclama es pura ficción. ¿Por qué? Cuando él ha sido detenido han encontrado todo lo que él grabó y han publicado sus conversaciones telefónicas. Eso significa que todo lo que hablamos por teléfono no es privado y que la mayoría o todas las conversaciones quedan grabadas en lugares que nosotras no controlamos. Pero, sobre esto, poco encontraremos en los medios de comunicación (?), incluidas las tertulias que aparentan ser escuelas de la verdad. Quizás no interese tanto descubrirla como enmascararla tras las apariencias. Koldo es el velo de una verdad que no interesa desvelar. Conviene recordar que Aleteia (αλήθεια) significa en griego “verdad” como desvelamiento.

Recuerdo cómo en 1996 se publicó el contenido de un diario de una joven miembro de ETA, aunque no tenía ningún interés desde el punto de vista policial o judicial. Unas pocas denunciamos el asqueroso morbo que empezaba a aparecer entonces, pero con escaso éxito, como se puede ver, porque ahora el morbo se ha convertido en norma y está completamente extendido. El morbo es lo que empuja a interesarse por el velo en vez de buscar lo que éste oculta,

El filósofo Foucault escribió en su libro "Cuidar y castigar" sobre la idea de una construcción penitenciaria (panóptico) propuesta por el filósofo Bentham para ver y controlarlo todo. La intención de Foucault era denunciar las estructuras de control (cárceles, manicomios, escuelas…) en una sociedad aparentemente libre. Desgraciadamente no se han tomado en serio los argumentos de Foucault, y lo que sufrimos en el presente es consecuencia de esa ceguera intelectual. Así pues, las ideas increíbles, por fantasiosas, de pensadores como Bentham y Orwell (y su “1984”) se han convertido en realidad: todas nuestras conversaciones telefónicas o de internet quedan grabadas y guardadas y, no nos engañemos, no son secretas hasta que un juez los pida como se nos quiere hacer creer, sino que quedan en manos de quienes realmente manejan el poder político. Y ese poder no es el que se reparte a través de unas elecciones, sino el que detentan los que tienen el poder económico. Ni aquí, ni en ninguna parte, hay independencia judicial ni separación de poderes. Solo hay un único poder político-económico, que no es elegido y que utiliza el aparato del Estado para defender sus intereses. Y ese poder se adapta a la realidad que hay en cada momento. Así, cuando lo necesita, provoca guerras, como se puede ver hoy, y, cuando lo necesita, promueve el estado de bienestar, como hasta hace muy poco tiempo.

Todo lo que ha ocurrido en torno a Koldo tiene, sin embargo, un aspecto positivo: La hipocresía está perdiendo su influencia, porque su capacidad de engañar se está quedando prácticamente en nada. ¿Quién se fía ahora de lo que se dice o se promete? Al final, la filosofía de la sospecha se está extendiendo a la política y la transparencia que hay que exigir a las instituciones se ha convertido en cada vez mayor opacidad en este sistema capitalista. Olvidémonos, pues, de la palabra liberalismo cuando tenemos que calificar a nuestra sociedad. El poder se basa en la mentira, en la manipulación y en el control de las personas, no en la libertad, que solo la posee una mínima parte de la sociedad. Olvidémonos de las reflexiones de Camus sobre los fines y los medios: ya no merece la pena cavilar sobre los medios que son aceptables para lograr un determinado fin, desde el punto de vista ético. Eso queda para los débiles, los que no tienen dinero ni armas. Lo que hace Israel, lo que hace Trump y lo que hacen todos los políticos corruptos no es más que el fruto de este sistema económico-político que algunas vivimos y la mayoría padece.

Podemos caer en la trampa de pensar que está en nuestras manos hacer lo que queramos, es decir, que somos libres, pero ya no será porque nos engañan ocultándonos la realidad y por carecer de herramientas para conocerla. Ahora, gracias al caso Koldo y otros similares, el engaño es palpable. Lo que busca el poder es hacernos creer que los consejos de Maquiavelo se han convertido en la única vía de hacer política. Pero no es cierto. La única política que merece ser tenida en cuenta es la que se transmite con transparencia y, con transparencia, la izquierda es, también, la única que tiene un mensaje para todas las personas. 

Matrioska



Duela gutxi jakin izan dugu Koldo Garciak bere elkarrizketa asko grabatzen zituela eta hori oso arbuiagarria dela gizarte-moralean. Ia salbuespenik gabe mesprezuz hitz egiten da komunikabide gehienetan Koldok egindakoari buruz eta zer esanik ez bere alderdikideek eta beste alderdien kideek esandakoari erreparatzen badiogu; orduan, mesprezuari gorrotoa ere gehitzen zaio eta.

Koldoren auziari esker, mezu nazkagarria zabaltzen ari da politika munduan, hau da, hemendik aurrera ezin izango garela fidatu ezta gertukoenekin ere. Dena den, ez da Koldoren bidez ailegatu zaigun lehen abisua, zeren eta gizarte-mugimenduetan infiltratutako poliziak betidanik existitu den errealitate gordina izan da, duela denbora gutxi Madrilen eta Katalunian berretsi den bezala.

Zer da honekin lortu nahi dena? Ezkerraren indarrak gehiago higatzea barne-kontrolean kanpo-jardueran baino. Ezin dugu amu honetan erori behar, baina garbi dago zerbait aldatu behar dela erakundeen funtzionamenduan erraztasunak ez emateko.

Koldok gizarte honen ustelkeria agerian utzi du, baina ez bakarrik mesfidantza eta traizioak nonahi aurki daitezkeela frogatzen duelako, ez, hainbeste aldarrikatzen den askatasuna fikzio hutsa dela frogatzen duelako baizik. Zergatik? Bera atxilotua izan denean berak grabatutako guztia aurkitu dute eta bere telefono elkarrizketak ere argitaratu dituzte. Horrek zera esan nahi du: hitz egiten dugun dena ez dela pribatua eta gehienak edo guztiak grabatuta geratzen direla guk kontrolatzen ez ditugun tokietan.

Oroitzen naiz nola 1996 urtean ETAko neska kide baten egunerokoaren edukia argitaratu zuten, nahiz eta ez zuen inolako interesik ikuspegi polizial edo judizialetik. Orduan agertzen hasia zen morbo nazkagarria, orain araua bilakatu da eta erabat zabalduta dago.

Foucault filosofoak bere “Zaintzea eta zigortzea” liburuan panoptikoari buruz idatzi zuen, itxuraz libre zen gizarte batean zeuden kontrol egiturak salatzeko. Zoritxarrez ez dira seriotasunez hartu Foukaulten argudioak, eta orainaldian jasaten duguna itxukeria horren ondorioa da. Horrela ba, Benthamen eta Orwellen ideia sinesgaitzak errealitate bilakatu dira: gure telefono edo internet bidezko elkarrizketa guztiak garbatuta eta gordeta geratzen dira eta, ez engainatu, ez dira batere sekretuak epaile batek eskatzen dituen arte, baizik eta boterea maneiatzen dutenen esku geratzen direla. Eta botere hori ez da hauteskundeen bidez banatzen dena, botere ekonomiko dutenena baizik. Ez hemen, eta ez inon, ez dago aldarrikatzen den independentzia judizialik, ezta botere banaketarik ere. Dagoena da botere bakarra, ez hautatua eta bere interesak defenditzeko estatua erabiltzen duena. Eta botere hori moldatzen da uneoro dagoen errealitateari. Horrela, behar duenean, gerlak eragiten ditu, gaur ikus daitekeen bezala, eta, behar duenean, ongizate estatua bultzatzen du.

Alde on bat dauka, dena den, Koldoren inguruan gertatutako guzti honek: Hipokresia galtzen ari da bere eragina, engainatzeko gaitasuna ia ezerezean geratzen ari delako. Nor fidatuko da orain esaten edo agintzen denaz? Azkenean susmoaren filosofia politikara zabaltzen ari da eta instituzioei eskatu behar zaien gardentasuna opakutasuna bihurtu da sistema kapitalista honetan. Ahaztu, beraz, liberalismo hitza gure gizartea kalifikatu behar dugunean. Ahaztu ere Camusen burutazioak helburu eta bitartekoei buruz, jada ez du merezi hausnarketak egiteak etika ikuspuntutik helburua lortzeko zer bitartekoak diren onargarriak erabakitzeko. Hori ahuldunentzat geratzen da, ez dirurik ez armarik ez dutenentzat, alegia. Israelek egiten duena, Trump egiten duena eta usteldutako politikari guztiak sistema ekonomiko-politiko honen fruitua baino ez dira.

Kasu egin diezaiokegu nahi dugunari, askeak garela ere sinets dezakegu, baina ez da izango errealitatea ezkutatzen digutelako eta bera ezagutzeko tresnarik ez dugulako. Orain, Koldo eta antzekoei esker, Makiaveloren aholkuak politika egiteko bide bakarra bilakatu direla sinetsarazi nahi digute. Baina, ez da egia. Garaile ateratzen den proposamen politiko bakarra da gardentasunez transmititzen dena eta, honetan, ezkerra da denontzako mezua duen bakarra.

Fedea? Ez, eskerrik asko



Mundu fisikoari buruz, hau da, unibertsoari buruz, giza mundua barne (gizartea), bi ezagutza-mota daude: frogatua (lege fisikoak eta teorema matematikoak, adibidez) eta ez-frogatua, zeina, era berean, frogagarria (adibidez, hipotesi zientifikoak) edo frogaezina izan daitekeen (adibidez, jainkoaren edo paradisuaren existentzia), nahiz eta azken hori ez den benetako ezagutza, errealitaterik adierazten ez duten ideien ezagutza baino ez delako, eta ezagutzaren helburu nagusia erreala denaren egia delako. Frogatutako ezagutzatik nabaritasuna eta ziurtasuna daude, eta ez-frogatutik iritzia eta/edo sinesmena frogagarria denean eta ziurtasun irrazionala ("fedea" deitzen dena) frogagarria ez denean. Ezagutza, frogatua zein frogagarria, errealitate materialei edo materiatik sortuak diren errealitateei dagokie, nahiz eta ez izan nahitaez materialak. Adibidez, ideiak, oroitzapenak, ametsak eta abar ez dira materialak, baina haien jatorria materiala da, sortzen dituen burmuinik gabe ez bailirateke existituko. Ideiei buruz nabaria den ezagutza izan daiteke, matematikan gertatzen den bezala, Izan ere, burmuinak sorturiko axiometatik abiatzen delako, eta hortik ateratzen dira printzipio, lege, arau, teorema eta jakintza hori osatzen duten gainerako elementuak. Era berean, matematikaren barruan aieruak izango liratekeen sortutako proposizioak (baieztapenak) ere badaude, frogatuak edo ezeztatuak izateko zain daudenak. Frogaezina den ezagutza, ordea, materiaz sortu ez edo materialak ez diren ustezko errealitateei dagokie, hau da, adimen-sorkuntzei, eta, beraz, burmuin-sorkuntzei, benetako erreferenterik gabe, hala nola mitoei, liburu sakratuei edo izaki eta mundu ez-materialei erreferentzia egiten dieten erlijioen ia eduki guztiei, hala nola jainko, aingeru, deabru, titan, zeru, infernu eta abarrei. Irrealtasun horien ezagutzari deitzen zaio fede.

Frogatu ezin diren ezagutzek egiazko errealitateren bat islatzeko batzuek duten fedea ezjakintasunaren sakralizazioa da. Erreala denaren ezagutza bihurtzea ezereza izatearekin parekatzea da, ura ardo bihurtzea da, aurretik urik egon gabe. Historiaurrean gure aurretik zeudenek ez zuten federik, ez zekiten ez zekitela. Bertrand Russellek zioen bezala: «Ez gara bi eta bi lau direla edo lurra biribila dela dioen fedeaz ari. Fedeaz hitz egiten dugu ebidentzia emozioarekin ordezkatu nahi dugunean bakarrik». Inork ez du federik ezagutzari buruzko terminoari ematen zaion zentzuan, bere burua duena ezjakintasun onartua edo ezjakintasun ezjakina da. Gainera, kristau teologiaren ustezko bertute teologala inteligentziaren aurkako iraina da. Jainko infinituki on batek fedearen, itxaropenaren eta karitatearen (maitasuna) bertuteak nahi duenaren arabera banatzea, pertsona batzuei besteei ematen ez diena emanez, eta horrela abantaila bat emanez, sistema autoritario edo/eta kapitalisten pareko diskriminazio maila bat suposatuko luke, ustezko izaki perfektu batena baino gehiago. Egia da ez dela jainkorik eta, beraz, ez duela bertuterik banatzen. Ondorioz, geratzen den gauza bakarra da agerian uztea milioika pertsona bizi diren engainua, erlijio guztien, hau da, haien apaiz-kasten, oinarri direnak bizi direneko engainua.
Fedea espirituaren panazea da, psikoterapien, azterketaren eta ikerketaren ordezkoa. Beste aldearen (haraindiko) bermea da, arrazoimena, egiaz gizaki egiten gaituena, egiaren monopolio dutela esaten dutenei saltzearen kontura irabazia, ezerezaren monopolioa besterik ez badute ere. Fedeak errealitateari buruzko faltsukeria guztiak sostengatzen ditu, zientziaren teoria ukatzaile guztiak. Fedea da hiltzeko beldurraren aurrean segurtasuna eskaintzen duen xantaia; izan ere, testu kristauek jasotzen dutenez, federik gabe ezin da salbatu.

Filosofiaren historiako liburuetan, fedearen eta arrazoiaren arteko harremana aztertzen jarraitzen da, eta arazo hori kristautasunak sortu zuen, II-IV. mendeetan (Justino eta Tertulianorekin, besteak beste), fedea artaldea batuta mantentzeko nahikoa ez zela ulertu zuenean, batez ere sinetsi baino gehiago ulertu behar zuenari eta errealitateari azalpen arrazionalak bilatzen saiatzen ziren doktrinen alde (Alexandriako Hipatiarena, kasu) egiten zuenari. Orduan, Erdi Aro osoan zehar bezala, fedearen defendatzaileak ez ziren arrazoiaren aldeko apustua egiten zutenen oso amore-emaileak izan, eta arrazionaltasuna eta maitasunaren moraltasuna ahaztuta, Hipatia, Giordano Bruno eta beste hainbat pertsona hil zituzten. Gaur egun, arrazionaltasunaren aztarna oro gaindituz, fedearen asmakizun horrek, arrazoimenaren alternatiba eta, gainera, egiazko gisa, indarrean dirau aurrerapen zientifikoak alde batera utzi nahi dutenei esker eta, sekta negazionistekin gertatzen den bezala, Erdi Aroan iraun nahi dutenen obra eta graziaz, ez hainbeste fedeagatik, botereagatik baizik. Baina aukera faltsua da, egiazkotzat hartu nahi zen eta sartu nahi den edukia bera bezala. Ezin da irrazionala dena arrazional bihurtu, existitzen ez denari buruz arrazoitzea ezinezkoa delako. Faltsukeria baino ezin da salatu.

¿Fe?

 


Sobre el mundo físico, es decir, sobre el universo, incluido el mundo humano (la sociedad), caben dos tipos de conocimiento, el demostrado (leyes físicas y teoremas matemáticos, por ejemplo) y el no demostrado, que, a su vez, puede ser demostrable (p.ej., hipótesis científicas) o no demostrable (p. ej., existencia de dios o del paraíso), aunque este último no es verdadero conocimiento porque solo es conocimiento de ideas que no expresan ninguna realidad, y el principal objetivo del conocimiento es la verdad de lo real. Del conocimiento demostrado se tiene evidencia y certeza, y del no demostrado se tiene opinión y/o creencia cuando es demostrable y certeza irracional (a lo que se llama “fe”) cuando no es demostrable. El conocimiento tanto demostrado como demostrable se refiere a realidades materiales o cuyo origen es la materia, aunque no necesariamente sean materiales. Así, por ejemplo, las ideas, los recuerdos, los sueños, etc. no son materiales, pero su origen es material porque sin un cerebro que los genere no existirían. De las ideas se puede tener conocimiento que puede ser evidente, como es el caso de las matemáticas, porque parte de axiomas creados por el cerebro del que se deducen los principios, leyes, reglas, teoremas y demás elementos que componen ese saber. Y también caben conjeturas, que serían proposiciones (afirmaciones) generadas dentro de las matemáticas y que están a la espera de ser demostradas o refutadas. El conocimiento no demostrable, sin embargo, se refiere a supuestas realidades no materiales ni originadas por la materia, es decir, a creaciones mentales, es decir, cerebrales, sin referente real, como son prácticamente todos los contenidos de las distintas religiones que hacen referencia a mitos, libros sagrados, o a seres y mundos inmateriales, como son los dioses, ángeles, demonios, titanes, cielos, infiernos, etc. Es al conocimiento de esas irrealidades al que se denomina fe.

La fe en la que dicen basarse los conocimientos no demostrables, pretendiendo que reflejen alguna realidad verdadera es la sacralización de la ignorancia. Convertirla en conocimiento de lo real es equiparar la nada con el ser, es convertir el agua en vino sin que haya agua previa. Quienes nos precedieron en la prehistoria no tenían fe, tenían desconocimiento de su ignorancia. Como decía Bertrand Russell: «No hablamos de la fe de que dos y dos son cuatro o de que la tierra es redonda. Solo hablamos de la fe cuando queremos sustituir la evidencia por la emoción» Nadie tiene fe en el sentido que se le da al término referido al conocimiento, lo que se tiene es ignorancia consentida. Además, la supuesta virtud teologal de la teología cristiana es un insulto a la inteligencia. Que un dios infinitamente bueno reparta las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad (amor) según le venga en gana, concediéndoles a unas personas lo que no concede a otras, y dándoles de esa manera una ventaja, supondría un nivel de discriminación digno más de los sistemas capitalistas que de un supuesto ser perfecto. Bien es cierto que ni dios existe ni, por tanto, reparte virtudes, así que lo único que queda es desenmascarar el engaño en el que viven millones de personas y del que viven quienes constituyen los cimientos de todas las religiones, es decir, sus castas sacerdotales.

La fe es la panacea del espíritu, el sustitutivo de las psicoterapias y del estudio y la investigación. Es la garantía del más allá, ganada, eso sí, a costa de vender la razón, aquello que nos hace verdaderamente humanos, a quienes dicen poseer el monopolio de la verdad, aunque solo sea el monopolio de la nada. La fe sustenta todas las falsedades referidas a la realidad, todas las teorías negadoras de la ciencia. La fe es el chantaje que ofrece seguridad ante el temor a morir, porque, como recogen los textos cristianos, sin fe no es posible salvarse.

En los libros de historia de la filosofía, se sigue estudiando la relación entre la fe y la razón, problema que introdujo el cristianismo, allá por los siglos II-IV (con Justino y Tertuliano, entre otros) cuando comprendió que la fe no era suficiente para mantener el rebaño unido, sobre todo aquel que necesitaba entender más que creer y que se iba inclinando por doctrinas que, como la de Hipatia de Alejandría, procuraban buscar explicaciones racionales a la realidad. Entonces, como a lo largo de toda la Edad Media, los defensores de la fe no fueron muy condescendientes con quienes apostaban por la razón, y olvidándose de la racionalidad, y de la moralidad del amor, acabaron con la vida de Hipatia, Giordano Bruno y muchas personas más. Hoy, superando todo vestigio de racionalidad, ese invento de la fe como alternativa, y además verdadera, a larazón, sigue vigente por obra y gracia de quienes quieren ignorar los avances científicos y mantenerse, como ocurre con las sectas negacionistas, en la Edad Media, no tanto por una cuestión de fe sino de poder. Pero es una disyuntiva falsa, como el propio contenido que se pretendía y se pretende colar como verdadero. No se puede convertir en racional lo irracional porque no es posible razonar sobre lo inexistente. Solo cabe denunciar su falsedad.

Crítica a la custodia compartida



 Al leer la legislación del País Vasco acerca de la custodia compartida sorprende comprobar que, a pesar de recoger como condicionante el interés de los y las menores, olvida en prácticamente todo el articulado ese interés. Cabe suponer que también las personas redactoras de las leyes tienen experiencias de separaciones, pero es evidente que en la elaboración y aprobación de dichas leyes se ha impuesto, no el interés de los y las menores sino el de los progenitores, especialmente el de los hombres.

Al margen de que cualquier persona, sin necesidad de estudios sociológicos previos, puede constatar en quiénes recaen, en la mayoría de los casos, las tareas que requieren los cuidados de las y los menores, esto es, en las mujeres, hay otro elemento que, sin embargo, debería tener mayor trascendencia a la hora de decidir sobre la guarda y custodia, y es la opinión de las y los menores con “suficiente juicio”, como recoge la ley en uno de sus puntos. En cambio, parece que se ha extendido como regla general la práctica jurídica de otorgar la custodia compartida, obviando, en muchos casos, tanto el interés de las y los menores, como su opinión y sus preferencias.

El resultado de este desaguisado legal será, en muchos casos, niñas y niños con problemas sicológicos derivados de la obligatoriedad de convivir por igual con el padre y con la madre a pesar de sus preferencias manifestadas sin presiones ante el juez o la jueza que debe decidir. Al actuar así, las y los menores son tratados como objetos a repartir entre otros objetos (viviendas, dinero, enseres, recuerdos, regalos…) en vez de como sujetos, lo que dice poco acerca de lo acertado de estas leyes desde un punto de vista moral.

Las preferencias de las y los menores deberían ser, por tanto, el criterio principal para decidir a quién otorgar la custodia, que es perfectamente compatible con compartir tiempos de relación con el o la progenitora que no la posee. Pero la sensación interna de seguridad que ofrece saber cuál es tu hogar, sin tener que vagar de un domicilio a otro es algo de lo que puede das fe cualquier persona, incluidas, cómo no, quienes deben juzgar ese tipo de situaciones, seguridad imprescindible para que los y las menores tengan un desarrollo más humano que el que les obliga al cálculo de los días que faltan para poder estar con quien más desean estar.

Monumental esperpento

 


Hay opiniones y actuaciones políticas que no necesitan muchas explicaciones porque concuerdan con lo que cabe esperar conociendo la ideología de sus protagonistas. Hay otras, sin embargo, que son difíciles de entender precisamente porque no las esperamos por falta de acuerdo con lo que correspondería a su ideología y a su historia. Es lo que está ocurriendo con el monumento franquista de Iruña /Pamplona, en cuyo frontispicio se podía leer desde que se construyó y hasta hace pocos años: “Navarra a sus muertos en la Cruzada”, aclarando que esos muertos a los que se homenajeaba solo eran los de su bando fascista.

Sin recurrir al pasado histórico ni traer al presente lo que los partidos políticos han ido manifestando acerca de la existencia del Monumento a los Caídos erigido por el franquismo para honrar a sus muertos en el conflicto armado tras su golpe de estado, lo que mi experiencia me revela es que dentro del mundo situado en lo que se denomina la izquierda (término cuya atribución a determinadas fuerzas políticas es más que discutible) nadie ponía en cuestión su demolición si llegaba el caso de que esa izquierda tuviera mayoría suficiente para decidir su destino. Además, quienes habían sufrido cárcel o muerte de personas queridas a manos del fascismo, como es el caso de Josefina Lamberto, hermana de Maravillas, la adolescente de Larraga a la que los franquistas violaron y posteriormente mataron junto con su padre, también han manifestado en repetidas ocasiones su deseo de que ese monumento fuera derruido.

Pero, hete aquí que el nacionalismo vasco representado por Geroa Bai y EHBildu han hecho causa común con el PSE para que el monumento no sea derruido sino resignificado, tal como en 2018 pedía el partido de derechas UPN, que vendría a ser algo así como llamar al pan vino y al vino pan, es decir, tapar por aquí, acortar por allá y cambiarle de nombre. Y así, tatachán, el agua se convierte en vino y el monumento franquista pasa a ser monumento a la denuncia del fascismo, es decir, que sería un monumento que se denuncia a sí mismo. El esperpento, difícilmente superable, solo puede tener alguna explicación en el análisis sociológico de cara a las elecciones que hacen los partidos promotores de este sinsentido. Como va ocurriendo cada vez con más asiduidad, se trataría de que los temores al lobo de la izquierda y del nacionalismo que avientan las derechas entre la ciudadanía se disipe, mostrando un perfil aterciopelado, aunque el resultado a corto plazo sea hacerlos indistinguibles unos de otros.

Quizás esos partidos, y quienes apoyan esa decisión “resignificadora”, hayan mirado fuera de nuestras fronteras para observar qué es lo que han hecho otros países con situaciones similares. Y, claro, han encontrado que varios países que sufrieron la lacra del nazismo y de sus campos de exterminio han decidido mantenerlos como recuerdo de lo que allí sucedió para evitar el olvido y, de paso, su repetición. Si ese ha sido el paradigma en el que basar su empeño en el mantenimiento de ese monumento, solo cabe decir que su ignorancia supera con mucho su supuesta buena fe. En efecto, no es lo mismo mantener los lugares donde fueron masacradas millones de personas que mantener los lugares que glorificaban a los fascistas. Si quienes son responsables de esos partidos y sus militantes no son capaces de comprender esa elemental diferencia que en absoluto desaparece por cambiar el nombre al edificio, insultando de paso a Maravillas, a su hermana Fermina y a muchas republicanas que guardamos en la retina todo lo que esa miserable construcción ha representado y representa, quizás logren que su imagen mejore entre las herederas de aquellos fascistas, pero muchas personas de izquierdas y republicanas ni lo olvidaremos, ni se lo perdonaremos.