miércoles, 17 de septiembre de 2014

La supuesta muerte de la ideología de género




El título del artículo de Nuria Chinchilla[1] (¡No más lavado de cerebro en Noruega! Desmontan el mito de la ideología de género!) expresa muy bien lo que no debe ser un escrito que se pretende científico. Es más un eslogan propagandístico o un lema político-ideológico. Afirmar que la ideología de género es un lavado de cerebro, es no saber en qué consiste un lavado de cerebro aunque sea metafórico. Pero no es lo peor el título sino lo que se expone a continuación.
Comienza con la noticia -de Diciembre de 2011-  de que el “Consejo Nórdico de Ministros (Consejo Intergubernamental de Cooperación Nórdico: Noruega, Suecia, Finlandia, Dinamarca e Islandia) decidió cerrar el Instituto de género nórdico NIKK que estaba situado en Oslo”, y continúa con la exposición de en qué consiste la ideología de género. Para la autora, dicha ideología defiende que “el ser hombre o mujer no es una cuestión biológica sino cultural”. No cabe mayor error conceptual que semejante afirmación. El género expresa unas características que se suponen pertenecientes a un modo de ser de la persona. Una mujer o un hombre pueden ser masculinos o femeninos, sin dejar por ello de ser mujer u hombre. Lo que dice la ideología de género es que el ser masculino o femenino es fundamentalmente cultural, no el ser hombre o mujer.
Como prueba de la “falsedad” de la ideología de género, Nuria señala la desaparición del NIKK después de que un documental de la televisión noruega cuestionara los logros de dicho instituto en lo referente al cambio de actitudes de hombre y mujeres respecto a los estereotipos de género y, más en concreto, a las tendencias profesionales de hombre y mujeres. Pues bien, la verdad o falsedad de la ideología de género no depende ni de la existencia ni de la desaparición de un instituto determinado, de la misma manera que la verdad o falsedad del geocentrismo no dependió de la existencia o desaparición de la Inquisición. De hecho, el instituto desapareció pero no así los Ministerios de Igualdad de Género de los países que lo impulsaron.
La traca final, sin embargo, es digna de las Fallas valencianas. Nuria nos avisa: “Una ramificación de esta ideología (la de la discriminación positiva privilegiada para gays, lesbianas, transexuales y bisexuales) está estos días batallando por ganar en algunos parlamentos autonómicos de España. Lo peor de esta teoría política que se está imponiendo de manera dictatorial con rotunda censura a los que la critiquen, no es que sea mala en sí, es que sea falsa como demostró este documental”. Está claro que la autora no distingue entre sexo y género, entre discriminación positiva y no-discriminación, entre documental y prueba científica, entre dictadura y desacuerdo con sus opiniones…
Lo más preocupante, sin embargo, es que haya personas que se identifiquen con los planteamientos de Nuria, no porque sean de ella, sino porque son radicalmente falsos.


[1] http://blog.iese.edu/nuriachinchilla/2014/07/no-mas-lavado-de-cerebro-en-noruega-desmontan-el-mito-de-la-ideologia-de-genero/

martes, 25 de febrero de 2014

Humor y oportunidad

 


La buena intención no siempre trae como consecuencia la acción correcta. La intención de Jordi Évole con su ya famosa broma -no sé por qué se le ponen nombres ingleses- era, según sus palabras, hacernos reflexionar sobre lo peligrosa que es la credulidad que otorgamos en muchas ocasiones a lo que se nos cuenta en los medios de información. Intención, sin duda, buena. El artificio para invitarnos a la reflexión ha sido inventar una historia, el relato falso de unos hechos, falsedad que el mismo autor descubre al final de dicha historia ficticia.
¿Qué hay de malo en todo esto?¿Por qué mucha gente se ha ofendido?¿Es aceptable que la gente se enoje por una broma que dura alrededor de una hora? En mi opinión, Jordi no valoró correctamente todas las circunstancias que han provocado ese enfado. Me refiero en concreto al poder que ha adquirido su persona y su trabajo en televisión. Considero que el éxito que disfruta se debe, sobre todo, a su empeño por descubrir la verdad de todos los temas que ha tratado. Ese afán por la verdad en un mundo donde lo que prima es, por el contrario, la mentira ha provocado que tantas personas se hayan sentido atraídas, generando una confianza en lo que dice mayor que la que se puede otorgar a la mayoría. Y, para ello, no ha hecho falta recurrir a la broma con forma de engaño. Quienes creemos en él lo hacemos desde la conciencia de que continuamente podemos ser engañados, pero no por él. Y la sensación de ser engañados, el conocimiento de que alguien se apodera de tu conciencia y la dirige hacia donde desea es, creo, una de las sensaciones más desagradables. Si, además, es alguien en quien confías de manera casi absoluta la sensación de desagrado aumenta proporcionalmente.
Es lo que tienen las sensaciones, que como decía Hume, dominan a la razón. Por eso, las explicaciones a posteriori, aun siendo plausibles no consiguen en muchos casos anular el efecto de aquéllas. El tiempo lo curará.


sábado, 9 de noviembre de 2013

CEGUERA





La justicia, o es ciega o no es justicia. No es por casualidad, por estética o por esnobismo que se la represente con los ojos tapados por un velo. Porque si viera a quien tiene que juzgar las pasiones se apoderarían de ella, generándole bien venganza, bien compasión. Pero ni la venganza ni la compasión son justicia, como sus propios nombres indican. Si la justicia tuviera que decidir sobre un acto realizado por uno de sus hijos y tuviera ocasión de verlo, de conocerlo antes de tomar una decisión, ¿alguien duda de que su maternidad entraría en conflicto con el hecho de juzgar, influyendo en y contaminando su decisión?
Corresponde a la justicia ser universal en su aplicación, no distinguir casos iguales, ni tratar igual casos diferentes. Su expresión debe ser formal, al estilo de las ciencias del mismo nombre, como la lógica o las matemáticas. En éstas, lo importante no es el contenido concreto de sus expresiones sino que los principios, leyes, axiomas, etc., se cumplan, es decir, se trata de fijar las condiciones que debe respetar una expresión para ser correcta desde el punto de vista matemático o lógico, sin tener en cuenta si en la realidad a la que se aplica hay manzanas, personas, presos o víctimas.
Por todo lo anterior, llámese como se llame, una determinada ley no puede ser modificada en función de quiénes sean las personas a las que se dirige, ni por presiones de los acusados o de las víctimas, menos aún para cambiar una sentencia ya emitida por tribunales en contextos políticos iguales, es decir, bajo el mismo sistema político.
Todo lo anterior es la base de la sentencia del Tribunal de los DDHH de Estrasburgo y que los mandatarios políticos y los máximos tribunales españoles han ignorado, provocando con ello la ira de las víctimas y el desconcierto de gran parte de la ciudadanía.

martes, 11 de junio de 2013

Unidos por el fútbol






El fútbol tiene una historia de amores y desamores muy vinculada a los vaivenes ideológicos que, por lo menos a quienes vivimos el franquismo, nos han ido marcando como personas políticas. Es curioso comprobar cómo hemos ido cambiando imperceptiblemente nuestra visión de determinados elementos que componen la vida social. Lo que en el franquismo eran reivindicaciones, como, por ejemplo, el derecho a la autodeterminación, han pasado a ser sinónimo de demandas antidemocráticas; lo que, como el fútbol, eran subterfugios que el poder utilizaba para alejarnos de la actividad política, es decir, para tenernos domesticados, se han convertido en iconos culturales, en algo incuestionable, inicuo desde el punto de vista ideológico-político. Este cambio, sin embargo, no parece que haya sido producto de una reflexión sino, más bien, de una inoculación imperceptible, de una adaptación al medio ambiente del capitalismo de última hora.

Vistas las cosas con una cierta perspectiva, no quedándonos en lo superficial, lo que se constata es que, en lo que respecta al fútbol, aparte de ser un deporte, un negocio, un espectáculo de masas, etc., cumple una función que tiene bastante que ver con la lucha ideológica entre quienes detentan el poder económico y quienes sufren ese poder. Desde luego que no es exclusivo del fútbol y que todo lo que afirmo a propósito de él es igualmente aplicable a otros deportes, pero es innegable que el efecto es inmensamente mayor en éste por la cantidad de personas involucradas.

En el fútbol se da la circunstancia de que la pertenencia a la llamada afición de un equipo no sólo no tiene que ver con motivaciones de clase social -que, aunque nos digan lo contrario, siguen existiendo- sino que éstas se borran absolutamente, de tal suerte que las personas seguidoras de un equipo sienten por encima de todo los colores del mismo. Y no sólo eso, ocurre también que la rivalidad, que llega en muchas ocasiones al desprecio y al odio hacia las aficiones de otros equipos, se establece en función de la pertenencia a uno u otro equipo independientemente de su situación socioeconómica. Por eso, en varias ocasiones he tenido la oportunidad de escuchar en la radio afirmaciones del tipo “el equipo XX está por encima de las clases y de las ideologías, tanto trabajadores como empresarios se sienten del XX”. La verdad es que es curioso comprobar cómo el empresario que te ha puesto en la calle se hace uno contigo, mientras el trabajador del equipo contrario pasa a ser tu enemigo declarado. Se me admitirá que, independientemente de si existe voluntariedad o no por parte del poder económico-político, esa visión del fútbol -y de otros deportes, insisto- le favorece totalmente.

En el fondo, lo que está en juego en los campos de fútbol son los sentimientos, y a ellos se dirigen los esfuerzos del poder para controlarnos. Quien se adueñe de los sentimientos manejará las voluntades en gran medida. Si lo que sentimos por un equipo de fútbol está por encima de lo que sentimos por una trabajadora en apuros, el poder económico está ganando la partida. Y creo que, hoy, esa es la cruel realidad.

viernes, 26 de octubre de 2012

No es lo que parece




NO ES LO QUE PARECE

A la vista de la realidad política que nos rodea, ha llegado el momento de redefinir los conceptos que utilizamos para referirnos a ella. Las palabras nos maniatan en ocasiones y nos impiden comprender con claridad lo que ocurre. Existen términos ya esclerotizados que repetimos como mantras sin saber muy bien qué significan ya, porque aunque en su origen expresaran algo hoy ya no lo hacen o bien su significado original ha perdido todo su sentido. 
Democracia es uno de esos términos cuyo significado original -poder del pueblo- ha pasado a mejor vida, porque hoy ese poder es delegado, cosa que no ocurría en la Atenas que le vio nacer. Eso, que parece una nimiedad, es determinante para comprender que la 'democracia' actual expresa una contradicción lógica, consistente en afirmar y negar un atributo del mismo sujeto. Si democracia es el poder del pueblo no puede ser el poder de los representantes del pueblo, porque pueblo y representantes del pueblo no son lo mismo. Como, además, los representantes del pueblo están adscritos a partidos políticos, bien como militantes, bien como simpatizantes, la conclusión a extraer es que lo que se denomina democracia debe llamarse partitocracia -dando así razón a muchas personas que han hecho hincapié en esta denominación-.
Desde otro punto de vista, la democracia se ha vinculado al concepto de 'legitimidad', de tal manera que, aunque no coincidiese con su significado original griego, los sistemas 'democráticos' actuales se salvarían siempre que estuvieran legitimados. Con esto se consigue enmarañar un poco más lo que era absolutamente simple. ¿Qué significa el invento de la 'legitimidad'? Será legítimo aquel gobierno que accede al poder y lo ejerce cumpliendo los requisitos que los que obedecen creen que tiene que cumplir para mandar, es decir, que cuente con el respaldo de la voluntad popular. ¿Cómo se sabe cuál es la voluntad popular? Preguntándoselo a su poseedor, el pueblo. Es decir, que el sistema 'democrático' actual para ser legítimo debería haber preguntado a la ciudadanía si estaba de acuerdo en ser representada en vez de ser ella quien directamente decidiera. ¿Se ha hecho esto? Evidentemente, no. La conclusión es diáfana: la llamada 'democracia' no es tal, ni por su significado, ni por su legitimidad.
El siguiente paso que se ha dado para enmascarar esta falsa democracia ha consistido en colocarla como alternativa única al totalitarismo. Así, despojándola de su verdadero significado y haciéndola aparecer como ‘verdadera’, se ha expandido la idea de que de no haber esta ‘democracia’ lo que existiría sería algún tipo de totalitarismo. Ante esta disyuntiva la mayoría de la población, claro está, ha optado por acogerla con los brazos abiertos -y las mentes cerradas, dicho sea de paso-. En este sentido, es curioso constatar cómo los adalides de la ‘excelencia’, quienes desde su posición de partida -desde el nacimiento- inmerecidamente excelente, nos hablan de la necesidad de dicha excelencia en el trabajo y en la educación, por ejemplo, la olvidan cuando de la democracia se trata. Claro que, bien pensado, para esas personas esta democracia es inmejorable porque es la que, evitando conflictos, les permite expoliar y explotar legalmente.

viernes, 7 de septiembre de 2012

El mandamiento olvidado



      Cuando Moisés bajo del Sinaí, llevaba en sus manos las tablas de la ley con los diez mandamientos. Según se enseña en el actual catecismo de la Iglesia católica esos diez mandamientos son: 1º, amarás a Dios sobre todas las cosas; 2º, no pronunciarás el nombre de Dios en vano; 3º, santificarás las fiestas; 4º, honrarás a tu padre y a tu madre; 5º, no matarás; 6º, no cometerás actos impuros; 7º, no robarás; 8º, no dirás falsos testimonios ni mentirás; 9º, no consentirás pensamientos ni deseos impuros, y, 10º, no codiciarás los bienes ajenos. La historia de Moisés, dicen, fue hace muchos años; sin embargo, los diez mandamientos han figurado como trasfondo moral de nuestra cultura y la han impregnado hasta no hace mucho. Con el ocaso de la influencia religiosa los valores por ella representados han ido sucumbiendo, dando paso a otros nuevos o, simplemente, a la desaparición de algunos de aquellos. A pesar de eso, existe todo un mundo de 'creyentes' que haciendo caso omiso a la realidad y a la racionalidad, desean mantener e imponer, si es preciso, dichos valores aunque, eso sí, unos con más énfasis que otros, como demuestran las últimas decisiones del PP que son buena prueba de que el 6º y el 9º entran entre sus preferidos. Lo que sorprende de personas que continuamente evocan los valores cristianos para pontificar sobre el bien y el mal y, lo que es peor, para legislar de acuerdo con ello, es la poca importancia que han atribuido al 7º, al 10º y, sobre todo, al 8º que en mi opinión es el más importante. ¿Por qué afirmo que el 8º mandamiento, es decir, el que prohibe decir falsos testimonios y mentir, es el más importante? Pues, porque es el que garantiza todos lo demás. Si mentir está permitido, los nueve mandamientos restantes pueden haber sido un engaño divino, con las consecuencias que cualquiera puede deducir. Parece ser que Rajoy y sus correligionarios -nunca mejor dicho- no han reparado en que mentir no sólo es pecado desde el punto de vista de sus creencias -aunque ya sabemos que tiene fácil arreglo con una buena confesión- sino que anula el conjunto de esas mismas creencias. Claro que, bien pudiera ser que también nos engañen con respecto a las mismas y que, en el fondo, sean unos irreligiosos e incluso antirreligiosos. Chi lo sa?
Julen Goñi

lunes, 7 de mayo de 2012

La tela de araña





            Nos han engañado. Hemos caído como mariposas de seda en la tela de araña invisible que tejieron para atraparnos. La tela de araña son sus valores, elaborados con el hilo transparente de sus ideas e intereses. Buscábamos la igualdad y la libertad, y ellos tomaron nuestras palabras trocándolas en su igualdad y su libertad, convirtiéndolas en los hilos con los que tejer la tela de araña de su democracia. Ése era el conjunto. Y a él acudimos inconscientes de lo que nos esperaba, creyendo que la tela que nos atenazaba era el manto que protegería nuestros deseos.
            Formamos parte, ya, de esa tela, y las arañas, ahora, pueden acercarse a succionar nuestro ser sin temor a que escapemos. En vano revoloteamos, porque sólo conseguiremos el balanceo inútil de la tela que no se romperá.
            ¿Qué habría pasado si hubiésemos sabido de la existencia de la tela de araña, si hubiéramos tenido conciencia de que caer en ella supondría nuestro final? Pues, que las arañas se habrían quedado esperando impacientes nuestra llegada, habrían aguardado hambrientas su alimento, pero la tela de araña se habría ido rompiendo con el tiempo y las propias arañas habrían desaparecido.
            Quizás ha llegado la hora de hacer balance: una democracia que en la realidad, no en la teoría, beneficia a unos pocos, es una tela de araña para los muchos. Una democracia que permite que una sola persona muera de hambre es un insulto a la moral. Pero, la tela de araña que forma la falsa democracia no se puede romper formando parte de ella, sino dejándola pudrirse en la soledad de quienes la han tejido.
Somos mariposas de seda…

miércoles, 28 de marzo de 2012

Sentencias eléctricas


SUPREMO CORTOCIRCUITO

Cada vez me resulta más difícil compaginar las decisiones de algunos tribunales con lo que el sentido común me dicta. El Tribunal Supremo ha tomado dos decisiones que favorecen claramente los intereses de las compañías eléctricas frente a la ciudadanía que recibe sus servicios. En una de ellas, anula la obligación que tenían aquéllas de pagar el llamado ‘bono social’, y, en la otra, cuestiona la congelación de las tarifas acordada por el anterior gobierno. Desde luego, no cabe argumentar que dicho tribunal no pretende beneficiar a dichas compañías, pues es claro que la decisión favorable a una de las partes perjudica necesariamente a la otra. La supuesta imparcialidad no tiene cabida en un caso así. Por lo tanto, está claro que con ambas decisiones dicho tribunal se coloca objetivamente del lado de los pocos, frente a la mayoría. Cabría argumentar que se ha limitado a aplicar la ley, y que ésta le viene impuesta desde el legislativo, pero, entonces, habría que recordar en cuántas ocasiones el mismo tribunal ha ‘reflexionado’ sobre realidades político-sociales ajenas a los hechos que se juzgaban, como cuando en el juicio a Garzón, por el caso de las víctimas del franquismo, el ponente ensalzó las ‘virtudes’ de la ‘transición’ cuando no venía al caso. Esto no ha ocurrido en esta ocasión, por lo que se deduce que no existe ningún desacuerdo con la ley que han aplicado. Saquemos consecuencias.

viernes, 16 de marzo de 2012

Gramática, ideología y sexismo



Gramática, ideología y sexismo


El manifiesto de apoyo a D. Ignacio Bosque, firmado por cientos de personas, la mayoría de ellas vinculadas al mundo de la lingüística, termina con el siguiente texto:
“Creemos que:
1. Es falso y aun absurdo afirmar que una gramática tenga una ideología.
2. Aun si esto fuera cierto –que no lo es– no es labor del lingüista hacer juicios morales sobre esa ideología.
3. Y aun si el lingüista debiera hacer juicios morales, no sería posible ni deseable forzar los cambios mediante reglas que afecten al uso de la lengua. Los cambios tienen que provenir de otras vías, al menos si queremos evitar que el lenguaje no sexista sea un modo de maquillar una realidad que sigue siendo discriminatoria con la mujer.
4. Por todo ello, estamos de acuerdo con el informe en considerar que las denominadas guías del lenguaje no sexista no son adecuadas por no ser útiles a lo que pretenden y no estar basadas en un conocimiento de los matices lingüísticos ni del propio acto de referencialidad.”
Al respecto, deseo aclarar lo siguiente:
En primer lugar, si bien es cierto que la Gramática como “ciencia que estudia los elementos de una lengua y sus combinaciones”, carece de ideología, no ocurre lo mismo con la aceptación de dicha definición, que contiene una postura claramente ideológica. La razón de ello es muy simple: existen otras acepciones del término gramática como, por ejemplo, la denominada gramática normativa que, frente a la anterior, no se limita a describir aquellos elementos y sus combinaciones, sino que “define los usos correctos de una lengua mediante preceptos”. Ésta sería, desde mi punto de vista, una de las funciones que cumple la RAE cuando edita las gramáticas –en concreto, la última, presentada el 10 de Diciembre de 2009-. Así reza el propósito que movió a su fundador y recogido en la web de la misma: «fijar las voces y vocablos de la lengua castellana en su mayor propiedad, elegancia y pureza».Y añade: “Se representó tal finalidad con un emblema formado por un crisol en el fuego con la leyenda Limpia, fija y da esplendor, obediente al propósito enunciado de combatir cuanto alterara la elegancia y pureza del idioma, y de fijarlo en el estado de plenitud alcanzado en el siglo XVI.”
La misión principal de la Real Academia Española, según los Estatutos que regulan su funcionamiento, es “evitar que los cambios que experimente la lengua española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes quiebren la unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico. A tal fin, la Academia debe establecer los criterios de propiedad y corrección de la lengua, así como contribuir a su esplendor. En cumplimiento de este mandato se desarrollan los proyectos académicos.”
En segundo lugar, si las gramáticas estudian los elementos de las lenguas y sus combinaciones, tendrán que reflejar la expresión de las ideas a través del lenguaje y, por tanto, también en este aspecto son ideológicas. Negarlo sería contradictorio, a no ser que se defienda que el lenguaje no expresa ideas. Por lo tanto, cuando la RAE establece criterios de propiedad y corrección de la lengua, está tomando postura en pro o en contra de los usos de la misma, y, consecuentemente, si esos usos tienen un carácter sexista, la RAE también lo tendrá, o no, en función de los criterios que establezca, lo cual está claramente emparentado con la ética pues, implícitamente, está haciendo juicios morales al tomar una opción u otra. Además, quienes estudian la lengua son, además de lingüistas, personas que, como tales, tendrán determinadas ideologías y, por tanto, también preferencias morales, a no ser que sean habitantes de la isla de la bienaventuranza de la que nos habla Platón en su República.
En tercer lugar, habría que distinguir entre los términos genéricos singulares –el colectivo, el alumnado, etc.- de los plurales –los/las participantes, los/las alumnos/as, etc.-. Es en éstos donde se da un uso machista y cuya defensa convierte en machista a la gramática. Obviar el porqué del uso genérico del masculino, ignorar que ese genérico tiene una connotación claramente masculina, es posicionarse ideológicamente. No se trata de juzgar la intencionalidad de quienes se dedican a la lingüística, de la misma manera que no se juzga la intencionalidad de quienes defienden o critican el aborto, sino las consecuencias prácticas que tienen sus posturas. Los plurales genéricos a que he hecho referencia, ¿serían los mismos si las sociedades, históricamente, no hubieran sido machistas?
En cuarto lugar, sobre si es posible o deseable forzar los cambios mediante reglas que afecten al uso de la lengua –como recoge el punto 3. de su conclusiones-, les recuerdo que sus reglas gramaticales condicionan e incluso determinan, por ejemplo, que el alumnado apruebe o suspenda una asignatura –ahora se llama ‘materia’ (?)- que le acompaña, como mínimo, a lo largo de toda la enseñanza obligatoria y el bachillerato, con las consecuencias prácticas que ello tiene para su futuro. Por lo tanto, dejando al margen si es deseable o no, lo que está claro es que es posible.


Por último, y admitiendo que desconozco el contenido pormenorizado de las ‘guías del lenguaje no sexista’ a las que hace referencia el manifiesto, concluyo que la elaboración de las mismas es una necesidad social y moral –otra más- para corregir, en lo que al lenguaje se refiere, la situación de discriminación de la mujer. El que las guías sean mejorables, cosa que no cuestiono, no debe implicar que no existan. Quizás sea labor de las personas que se dedican al estudio del lenguaje, como quienes firman el manifiesto, o el propio Ignacio Bosque, la elaboración de una guía que corrija los posibles defectos de las ya existentes, teniendo en cuenta, eso sí, las razones que fundamentan este escrito.

jueves, 1 de marzo de 2012

ODA A LA ALEGRÍA




ODA A LA ALEGRÍA

ALEGRÍA
hoja verde
caída en la ventana,
minúscula
claridad
recién nacida,
elefante sonoro,
deslumbrante
moneda,
a veces
ráfaga quebradiza,
pero
más bien
pan permanente,
esperanza cumplida,
deber desarrollado.
Te desdeñé, alegría.
Fui mal aconsejado.
La luna
me llevó por sus caminos.
Los antiguos poetas
me prestaron anteojos
y junto a cada cosa
un nimbo oscuro
puse,
sobre la flor una corona negra,
sobre la boca amada
un triste beso.
Aún es temprano.
Déjame arrepentirme.
Pensé que solamente
si quemaba
mi corazón
la zarza del tormento,
si mojaba la lluvia
mi vestido
en la comarca cárdena del luto,
si cerraba
los ojos a la rosa
y tocaba la herida,
si compartía todos los dolores,
yo ayudaba a los hombres.
No fui justo.
Equivoqué mis pasos
y hoy te llamo, alegría.
Como la tierra
eres
necesaria.
Como el fuego
sustentas
los hogares.
Como el pan
eres pura.
Como el agua de un río
eres sonora.
Como una abeja
repartes miel volando.
Alegría,
fui un joven taciturno,
hallé tu cabellera
escandalosa.
No era verdad, lo supe
cuando en mi pecho
desató su cascada.
Hoy, alegría,
encontrada en la calle,
lejos de todo libro,
acompáñame:
contigo
quiero ir de casa en casa,
quiero ir de pueblo en pueblo,
de bandera en bandera.
No eres para mí solo.
A las islas iremos,
a los mares.
A las minas iremos,
a los bosques.
No sólo leñadores solitarios,
pobres lavanderas
o erizados, augustos
picapedreros,
me van a recibir con tus racimos,
sino los congregados,
los reunidos,
los sindicatos de mar o madera,
los valientes muchachos
en su lucha.
Contigo por el mundo!
Con mi canto!
Con el vuelo entreabierto
de la estrella,
y con el regocijo
de la espuma!
Voy a cumplir con todos
porque debo
a todos mi alegría.
No se sorprenda nadie porque quiero
entregar a los hombres
los dones de la tierra,
porque aprendí luchando
que es mi deber terrestre
propagar la alegría.
Y cumplo mi destino con mi canto.

Pablo Neruda

miércoles, 8 de febrero de 2012

PALABRAS ENVENENADAS



PALABRAS ENVENENADAS

Lo más importante para cambiar un realidad social que, como la actual, a muchas personas no nos satisface, es tener conciencia de esa realidad, es decir, conocer las causas que la han generado. Sólo así podrán surgir el deseo y la voluntad de cambiarla.
Pero, para tener conciencia de esa realidad, para conocer sus causas, es preciso pensar con ideas que no provengan de quienes son causa de la misma; es preciso 'ver' esa realidad con otros 'ojos' que no sean los de quienes la defienden porque sacan ventaja de ella. Ninguna mirada, ninguna interpretación es inocua, imparcial, objetiva. En este sentido, quienes poseen la riqueza ven el mundo desde sus propios intereses; por eso, intentan que todas las personas la veamos igual. Si quienes no poseen esas riquezas, es decir, la mayoría, percibieran otra cosa distinta, si tuvieran, en fin, conciencia del porqué o los porqués, se abriría la posibilidad a la aparición del deseo y la voluntad de cambio. Todo esto lo saben muy bien quienes dominan el mundo, y por eso ponen tanto el empeño en adoctrinarnos de acuerdo con la idea que ellos tienen del mismo. Para ello, además, cuentan con unos medios poderosos como nunca antes han existido: los medios de información-manipulación.
No basta con observar algo para saber qué es. Se precisa, también, conocer cómo es, cómo ha llegado a ser, cuáles son los elementos que lo componen, qué finalidad o posible uso tiene, etc. Y, todo ello se expresa con palabras o imágenes, que no son más que la manifestación física de los conceptos e ideas de nuestra mente. Pensamos, pues, con conceptos y/o ideas, la mayoría de los cuales las aprendemos de la sociedad en que vivimos. Si para atener conciencia es preciso pensar, para tener conciencia de la realidad es preciso pensar la realidad. Pero, si los conceptos-ideas que utilizamos para ello son los mismos que utilizan quienes tienen una situación ventajosa en dicha realidad, no existirá ninguna posibilidad de que cambie en un sentido favorable a quienes viven la situación contraria. Por tanto, es imprescindible cambiar el discurso, los conceptos que lo componen y las palabras que lo expresan. Donde ellos dicen 'justicia', pongamos abuso, donde ellos dicen 'ganancia', pongamos robo, donde dicen 'crisis', digamos estafa, y así sucesivamente...

lunes, 9 de enero de 2012

Falsa libertad. Libertad falsa.



Las leyes están hechas para mantener el sistema desde el que son elaboradas. El que, en ocasiones, aparezcan algunas aparentemente contrarias a dicho sistema, no deja de ser el narcótico para hacernos creer que vivimos en un mundo “libre”. Tal narcótico desaparece si lo que se pone en cuestión es la propiedad generadora de riqueza -aunque esa propiedad sólo sea intelectual-. Entonces, aparece con absoluta claridad la verdadera faz del capitalismo, entran en funcionamiento “sus” leyes y el aparato represivo se pone en marcha. “Hasta ahí hemos llegado”, dice, y la libertad desaparece como por encanto.