viernes, 1 de mayo de 2026

Lo real y lo posible


 

El catedrático de psiquiatría, Miguel Gutiérrez, escribió un artículo (Suicidio asistido y salud mental. El Correo, 27-3-2025), a propósito del caso de Noelia Castillo -la joven parapléjica que solicitó y, después de varios retrasos provocados por la intervención de su padre a través de Abogados cristianos, logró que se le aplicara la eutanasia- en el que defiende que el dolor, sea físico o mental, no es motivo para que se le ayude a morir a quien lo padece. Estas son sus palabras: Si el dolor habla con voz absoluta, la obligación ética de una sociedad decente debería ser mantener abierta la opción de seguir viviendo”.

Aunque no se declare seguidor de ninguna religión, sus pseudoargumentos, es decir, sus falacias coinciden con las empleadas por quienes desde el ámbito religioso niegan que la eutanasia, la ayuda a morir, deba ser un derecho, tanto en el caso de personas con enfermedades “mentales”, como en el de quienes sufren dolor en grado sumo.

En ambos casos, el motivo que utiliza para negar el derecho a la ayuda para morir es el mismo: la posibilidad de que el daño, tanto físico como “mental”, pueda ser superado en un futuro (“…las víctimas de trauma extremo pueden reconstruirse”). Esta falacia se sustenta en colocar al mismo nivel de realidad lo que era la distinción aristotélico-tomista entre potencia y acto, es decir, algo que es y algo que puede ser. En este caso se trataría de afirmar que son igualmente reales el dolor sentido (que es) y la solución posible (que puede ser) a ese dolor. Esto que, a primera vista, suena tan bien, tiene unas consecuencias inaceptables desde el punto de vista ético, que parece ser el que le interesa resaltar a Miguel Gutiérrez. En efecto, bajo la aparente buena intención de albergar esperanza acerca de una posible solución futura de una enfermedad, sea del tipo que sea, se ignora la actualidad (realidad) del dolor, el sufrimiento que no sabe de futuribles, menos aún cuando quienes defienden esos futuribles no son quienes padecen el sufrimiento.

Además, Miguel Gutiérrez comete el error muy extendido de extraer conclusiones generales de casos particulares cuando sugiere que quien solicita la ayuda para morir lo hacen por un trauma o por el fracaso del entorno como serían las listas de espera interminables, falta de psicoterapia especializada, escasez de apoyo psiquiátrico, soledad, pobreza y abandono institucional pueden empujar a una persona hacia la idea de que la muerte es la única salida. Nadie duda de que existen casos como los que él relata, pero concluir que no cabe la posibilidad de que la decisión de solicitar la ayuda para morir, no sea producto de esas situaciones, es una falsedad, como lo demuestra el caso de Noelia y otros muchos más.

Como ya señalé en otro artículo (El suicidio libremente elegido. Naiz, 4-3-2026) no todos los suicidios están relacionados con enfermedades “mentales”, ni con abandonos, ni con carencias, sino que, en ocasiones, se da el libre deseo de morir fruto de la reflexión y de llegar a la conclusión de que la vida carece de sentido. Ese fue, sin duda, el caso de Noelia: en absoluto como resultado de una depresión pasajera, sino como valoración personal acerca de su vivir elaborada durante años. Por eso, quienes debían otorgarle el permiso para poder ejercer su derecho a la ayuda para morir (dos profesionales de la medicina, más una comisión formada por personas de los ámbitos sanitario y del derecho) lo hicieron después de estudiar su situación médica y tener varias entrevistas con ella.

Cuestionar la decisión de aprobar la eutanasia de Noelia es cuestionar la labor de todas esas profesionales y, lo que es peor desde el punto de vista ético, supone dar prioridad a un futuro inexistente frente al dolor real presente y sufrido durante años. Por eso, cuando M. Gutiérrez dice que “en el suicidio asistido aplicado a personas con trastornos mentales tratables o con estados depresivos potencialmente curables, la cautela no es crueldad” está manipulando la realidad para conducirnos a la conclusión que, en su caso, es un axioma. Efectivamente, nadie cuestiona que las solicitudes de suicidio asistido debidas a problemas “mentales” tratables y curables deben ser valoradas con cautela, pero lo que ocurre es que no todas las enfermedades son tratables ni todas las solicitudes tienen que ver con enfermedades “mentales” tratables y curables. Es él el que convierte en fruto de enfermedad “mental” tratable y curable, lo que es sufrimiento y dolor incurables y permanentes.

En línea con lo dicho hasta ahora, he sido testigo directo la experiencia de una persona con un cáncer terminal incurable a la que mantuvieron con vida bajo el argumento del milagro o de la supuesta aparición de un medicamento salvador días antes de que muriera con sedación terminal. Lo que en realidad se esconde tras esa supuesta ética salvadora, en la mayoría de los casos, es la negación de que la vida nos pertenece, de que somos las dueñas de nuestro cuerpo, incluido, claro está, nuestro cerebro y su funcionamiento, eso que se empeñan en llamar “la mente”.

Quien, llegado el momento de decidir si seguir viviendo o solicitar la ayuda para morir, decide no seguir viviendo merece el mismo respeto que quien decide conscientemente seguir viviendo. Ni más ni menos.

De monumentos y barricadas antifascistas



Ramón Contreras insiste por enésima vez, con su artículo “El Monumento a los Caídos: por un debate sin trincheras”, en la defensa de la “intervención crítica”. Esperando que mi tono no le incomode, envío estas reflexiones a propósito de su escrito.

El ser antifascista no equivale a pertenecer a una iglesia. Antifascistas se reclaman muchas personas con las que solamente puede unirnos, ideológicamente, el adjetivo en cuestión. Nada más. Pero, a partir de ahí, no nos debemos nada, ni tenemos siquiera por qué llevarnos bien. Basta que Contreras recuerde las maravillosas relaciones que tenían los antifascistas en tiempos del tirano. Lo que se cuenta en “La vida de Brian” se queda corto…

Así que, no caigamos en el buenismo ni intentemos desviar el tema con besos más falsos que el de Judas. Aquí hay un debate de ideas duro como la piedra, no un espectáculo dialéctico al estilo de las disputatio medievales (aunque algunas de ellas acabaran, ciertamente, a pedradas).

En este debate lo que importan son las ideas referentes al tema en discusión, es decir, a qué hacer con el monumento fascista a Los Caídos. Y, le guste o no a R. Contreras, aquí si hay bandos enfrentados a ambos lados de una barricada: quienes quieren mantenerlo y quienes quieren hacerlo desaparecer. Y no deberíamos caer en la tentación aristotélica de pensar que en el medio está la virtud cuando coloca su posición, que pretende ser un “instrumento pedagógico” para afirmar la democracia (?) frente al fascismo, entre la de la derecha navarra que lo quiere convertir en museo y la de quienes defendamos su demolición, que, por cierto, también es muy pedagógica, porque bastará con colocar una placa bien visible en el que se recuerde que allí hubo un monumento fascista que fue derruido por quienes se enfrentaban a ese fascismo.

No dudo de la buena intención de quienes defienden esa intervención pedagógica, pero no se trata de juzgar intenciones sino argumentos. Y la clave de toda la argumentación de R. Contreras se recoge en este párrafo: “Si la mirada se dirige únicamente al pasado, el derribo del Monumento puede parecer la solución más evidente. Pero si pensamos también en el presente y en el futuro −en generaciones que no han vivido la dictadura franquista−, la intervención crítica del Monumento puede convertirse en una herramienta pedagógica de gran valor”. Este supuesto argumento es candorosamente falso, porque da por supuesto que el futuro va a ser el que a él y a otras muchas personas nos gustaría, es decir, habitado por generaciones antifascistas que explicarán a sus vástagos la historia de ese monumento desde la perspectiva antifascista. Evidentemente, Ramón, y quienes defienden su misma postura, no ha caído en la cuenta de que en el futuro no muy lejano puede ser la derecha, incluida la fascista, que la hay, la que tenga el poder político para volver a darle otra “intervención crítica” contraria a la que él propone.

Esa nefasta posibilidad no se daría si el mamotreto monumental desapareciera.

Ipuin tristea


Ordulariari begira zegoen Miren, bere desioari jaramonik egingo ez zitzaion orduaren zain. Eta negar egiten zuen.


Ulertu ulertzen zuen une jakin batean elkar maite duten pertsonek beste une batean utz diezaioketela elkar maitatzeari eta egoera horren arrazoiak aitak egindako zerbaitekin zerikusi handiagoa zuela susmatzen zuen, baina ez zuen askoz gehiago jakin nahi izan. Hala ere, zein zaila egiten zitzaion helduen mundua ulertzea! Izan ere, ahizpa txikiarekin eta amarekin bizi nahi zuen, baina Auzitegi Nagusia zeritzon “gauza” batek erabaki zuen berak nahi zuena ez zela kontuan hartuko eta, nahi ala ez, aitarekin egon behar zuela amarekin zuen denbora berean. Txikia izan arren, beti hartaz eta bere ahizpaz arduratzen zena bere ama zela gogoratzen zuen: arropa erosten ziena, janzten zituena, garbitzen zituena eta oporretan haiekin jolasten zuena, eskolara eramaten zituena, igeri egiten, bizikletan ibiltzen, irakurtzen erakusten ziena, beti hor egoten zena, aitak bere zaletasunetako bat ere alde batera utzi ez zuen bitartean (lagunak, bizikleta, futbola...). Ez zekien hori auzitegi horren erabakian kontuan hartzen zen ala ez, baina berak bera eta bere arreba sentimendurik gabeko gauzak balira bezala banatzeko erabakia hartuko zutenei azaldu nahi izango zien. Baina ez zuen aukerarik izan.

Izan ere, auzitegi horren erabakiaren aurretik, beste auzitegi batek psikologo batekin kontsultaren bat izatera behartu zuen. Psikologo horrek, txostenean, aitarekin bizitzera behartzea zein negatiboa izango zen azaldu zuen, eta, horregatik, amarekin aitarekin baino denbora gehiago egotea erabaki zuen.

Zer gertatu zen beste epaimahai batek, garrantzitsuagoa zela esaten baitzuten, beste zerbait erabaki eta ordura arte berdina izan ez zena berdintasunean partekatzera behartzeko? Egin al zuten aurrekoaren ondorioak aldatu zituen beste txosten psikologikorik? Bazekien ezetz, ez ziotelako berriro horretarako deitu. Orduan, zergatik erabaki zuen auzitegi garrantzitsu hark bere egoera eta nahiak kontuan ez hartzea?

Berak islatzen zuen minagatik zaintzen zutenek sentitzen zuten minari erreparatzen zion, eta nahasia sentitzen zen, etengabe entzuten baitzuen haurren nahiak kontuan hartu behar zirela, baina, egia esateko, ez ziren aintzat hartzen. "Seme-alabarik izango al dute erabaki horiek hartzen dituzten pertsonek?", zioen bere artean. "Eta, eduki ez arren, ez al dira gai haurrei entzuteko eta ulertzeko?". Eta negar egiten zuen.


La información es poder

 



Existe una cultura, en la mayoría de las organizaciones sociales, consistente en reservar la información a las élites dirigentes y en filtrarla, según los criterios de esa élite, al resto de las personas que forman parte de las mismas.

Sorprende que sea así justamente cuando más información manipulada y manipuladora nos inunda, al margen de nuestra voluntad, a través de los distintos canales por los que se puede transmitir.

Quizás se pueda entender que en las organizaciones políticas y sindicales la información deba ser controlada por razones tácticas y/o estratégicas, como puedan ser iniciativas de acción que, de conocerse al margen de las propias organizaciones, podrían dar al traste con los objetivos de dichas iniciativas. Pero, si no es ese el caso, ¿qué criterio se puede utilizar para decidir cuándo una determinada información debe ser limitada y cuándo no? Podría aceptarse que toda información que tenga incidencia directa en la vida de las personas debería ser conocida por ellas sin excepción. A modo de ejemplo, y tengo conocimiento de que en muchas ocasiones no es así, en las negociaciones de un convenio laboral, las personas que se van a ver afectadas por lo que se decida en ella deberían tener toda la información de dichas negociaciones, porque quienes negocian las están REPRESENTANDO y NO SUSTITUYENDO.

Es fundamental comprender qué significa representar en cualquier ámbito de la vida social y, en la misma línea argumentativa, también es fundamental comprender qué significa delegar. Las personas delegadas o representantes nunca deberían tomar decisiones que no hayan sido consultadas con y valoradas por sus representadas, para lo que es imprescindible que estas hayan recibido toda la información necesaria para poder elaborar su propio criterio.

Como vivimos en una sociedad que, cada vez más, se abstiene de involucrarse socialmente, es decir, políticamente (porque todo lo social es político y viceversa) se está extendiendo la idea y, lo que es peor, llevada a la práctica, de que las organizaciones deben ser gestoras de los intereses de la ciudadanía sin que esta deba hacer otra cosa que reclamar determinados servicios a cambio de una cuota o de nada. Ese planteamiento, heredero e inculcado por la mal llamada transición a la democracia, es lo que explicaría la crítica interminable en los bares y cafeterías, en los estadios deportivos o en las reuniones entre amistades y la cada vez menor implicación personal en la solución de los problemas sociales de cualquier tipo. De ahí, quizás, la tentación de muchas personas que sí participan en las distintas organizaciones de asumir esa apatía social y de alimentarla bajo el argumento de que “la gente no tiene interés en ser informada”. En realidad, es esa una actitud selectiva, paternalista y temerosa de lo que el falso demócrata que fue Ortega y Gasset denominaba “las masas” que, en realidad, no son otra cosa que el pueblo, la ciudadanía toda. Y digo temerosa porque la información, y el conocimiento que posibilita, es poder, como nos alertaron F. Bacon y T. Hobbes, y que sea distribuida equivale, en gran medida, a distribuir el poder, es decir, a democratizarlo. Además, la información transmitida puede ser aceptada o rechazada por quien la recibe, lo que le da libertad de decisión al respecto, mientras que la información no transmitida elimina cualquier posibilidad de decisión libre.

Es cierto, todo hay que decirlo, que las organizaciones son menos manejables cuanta más información se comparte, y, quizás por ese motivo, las personas que aspiran al poder político son reacias a compartirla incluso entre sus miembros. Sin embargo, lo que nunca debería ser justificable es que eso mismo suceda en aquellas otras organizaciones que no tienen como objetivo alcanzar ese poder sino el logro y la defensa de determinados derechos, como son, por ejemplo, las asociaciones creadas en favor de los derechos al aborto, a la memoria histórica, a la eutanasia, de las personas inmigrantes, etc. es decir, aquellas que están constituidas para fines concretos al margen de las organizaciones políticas o sindicales, aunque puedan guardar relación con ellas. En estas, la ausencia de información es no solo un error, sino una inmoralidad.

A favor de la transparencia


 

Hace poco que hemos sabido que Koldo García grababa muchas de sus conversaciones. Si hacemos caso a las declaraciones de unas y otras, es comúnmente admitido que este comportamiento es muy censurable desde el punto de vista de la moral social y, por ello, casi sin excepción, se habla con desprecio en la mayoría de los medios de comunicación (?) sobre lo que ha hecho Koldo y más aún si nos fijamos en lo que han manifestado sus compañeros de partido y los miembros de otros partidos; entonces, al desprecio se le añade también el desengaño y la alegría indisimulada por el mal ajeno, respectivamente.

Gracias a lo que se puede llamar “el caso Koldo”, además, se está difundiendo un mensaje nauseabundo, desde mi punto de vista, en el mundo de la política, que viene a decir que, a partir de ahora, no podremos confiar ni en los más cercanos. Sin embargo, no es el primer aviso que aconseja y empuja a la desconfianza el que nos llega a través de Koldo, ya que la policía infiltrada en los movimientos sociales ha sido y es una cruda realidad que siempre ha existido, como se ha confirmado recientemente en Madrid y Cataluña, lo que, sin duda, no busca generar confianza, precisamente.

¿Qué es lo que se quiere conseguir con esto? Que las fuerzas de la izquierda se desgasten más en el control interno que en la actividad exterior. No deberíamos picar ese anzuelo, pero está claro que hay que cambiar algo en el funcionamiento de las instituciones (partidos y sindicatos de izquierda) para no facilitar esos comportamientos tan astutos como inmorales.

Todo lo relacionado con Koldo ha puesto de manifiesto la corrupción de esta sociedad, pero no sólo porque demuestra que la desconfianza y las traiciones se pueden encontrar en todas partes, no, sino porque demuestra que la libertad que tanto se proclama es pura ficción. ¿Por qué? Cuando él ha sido detenido han encontrado todo lo que él grabó y han publicado sus conversaciones telefónicas. Eso significa que todo lo que hablamos por teléfono no es privado y que la mayoría o todas las conversaciones quedan grabadas en lugares que nosotras no controlamos. Pero, sobre esto, poco encontraremos en los medios de comunicación (?), incluidas las tertulias que aparentan ser escuelas de la verdad. Quizás no interese tanto descubrirla como enmascararla tras las apariencias. Koldo es el velo de una verdad que no interesa desvelar. Conviene recordar que Aleteia (αλήθεια) significa en griego “verdad” como desvelamiento.

Recuerdo cómo en 1996 se publicó el contenido de un diario de una joven miembro de ETA, aunque no tenía ningún interés desde el punto de vista policial o judicial. Unas pocas denunciamos el asqueroso morbo que empezaba a aparecer entonces, pero con escaso éxito, como se puede ver, porque ahora el morbo se ha convertido en norma y está completamente extendido. El morbo es lo que empuja a interesarse por el velo en vez de buscar lo que éste oculta,

El filósofo Foucault escribió en su libro "Cuidar y castigar" sobre la idea de una construcción penitenciaria (panóptico) propuesta por el filósofo Bentham para ver y controlarlo todo. La intención de Foucault era denunciar las estructuras de control (cárceles, manicomios, escuelas…) en una sociedad aparentemente libre. Desgraciadamente no se han tomado en serio los argumentos de Foucault, y lo que sufrimos en el presente es consecuencia de esa ceguera intelectual. Así pues, las ideas increíbles, por fantasiosas, de pensadores como Bentham y Orwell (y su “1984”) se han convertido en realidad: todas nuestras conversaciones telefónicas o de internet quedan grabadas y guardadas y, no nos engañemos, no son secretas hasta que un juez los pida como se nos quiere hacer creer, sino que quedan en manos de quienes realmente manejan el poder político. Y ese poder no es el que se reparte a través de unas elecciones, sino el que detentan los que tienen el poder económico. Ni aquí, ni en ninguna parte, hay independencia judicial ni separación de poderes. Solo hay un único poder político-económico, que no es elegido y que utiliza el aparato del Estado para defender sus intereses. Y ese poder se adapta a la realidad que hay en cada momento. Así, cuando lo necesita, provoca guerras, como se puede ver hoy, y, cuando lo necesita, promueve el estado de bienestar, como hasta hace muy poco tiempo.

Todo lo que ha ocurrido en torno a Koldo tiene, sin embargo, un aspecto positivo: La hipocresía está perdiendo su influencia, porque su capacidad de engañar se está quedando prácticamente en nada. ¿Quién se fía ahora de lo que se dice o se promete? Al final, la filosofía de la sospecha se está extendiendo a la política y la transparencia que hay que exigir a las instituciones se ha convertido en cada vez mayor opacidad en este sistema capitalista. Olvidémonos, pues, de la palabra liberalismo cuando tenemos que calificar a nuestra sociedad. El poder se basa en la mentira, en la manipulación y en el control de las personas, no en la libertad, que solo la posee una mínima parte de la sociedad. Olvidémonos de las reflexiones de Camus sobre los fines y los medios: ya no merece la pena cavilar sobre los medios que son aceptables para lograr un determinado fin, desde el punto de vista ético. Eso queda para los débiles, los que no tienen dinero ni armas. Lo que hace Israel, lo que hace Trump y lo que hacen todos los políticos corruptos no es más que el fruto de este sistema económico-político que algunas vivimos y la mayoría padece.

Podemos caer en la trampa de pensar que está en nuestras manos hacer lo que queramos, es decir, que somos libres, pero ya no será porque nos engañan ocultándonos la realidad y por carecer de herramientas para conocerla. Ahora, gracias al caso Koldo y otros similares, el engaño es palpable. Lo que busca el poder es hacernos creer que los consejos de Maquiavelo se han convertido en la única vía de hacer política. Pero no es cierto. La única política que merece ser tenida en cuenta es la que se transmite con transparencia y, con transparencia, la izquierda es, también, la única que tiene un mensaje para todas las personas. 

Matrioska



Duela gutxi jakin izan dugu Koldo Garciak bere elkarrizketa asko grabatzen zituela eta hori oso arbuiagarria dela gizarte-moralean. Ia salbuespenik gabe mesprezuz hitz egiten da komunikabide gehienetan Koldok egindakoari buruz eta zer esanik ez bere alderdikideek eta beste alderdien kideek esandakoari erreparatzen badiogu; orduan, mesprezuari gorrotoa ere gehitzen zaio eta.

Koldoren auziari esker, mezu nazkagarria zabaltzen ari da politika munduan, hau da, hemendik aurrera ezin izango garela fidatu ezta gertukoenekin ere. Dena den, ez da Koldoren bidez ailegatu zaigun lehen abisua, zeren eta gizarte-mugimenduetan infiltratutako poliziak betidanik existitu den errealitate gordina izan da, duela denbora gutxi Madrilen eta Katalunian berretsi den bezala.

Zer da honekin lortu nahi dena? Ezkerraren indarrak gehiago higatzea barne-kontrolean kanpo-jardueran baino. Ezin dugu amu honetan erori behar, baina garbi dago zerbait aldatu behar dela erakundeen funtzionamenduan erraztasunak ez emateko.

Koldok gizarte honen ustelkeria agerian utzi du, baina ez bakarrik mesfidantza eta traizioak nonahi aurki daitezkeela frogatzen duelako, ez, hainbeste aldarrikatzen den askatasuna fikzio hutsa dela frogatzen duelako baizik. Zergatik? Bera atxilotua izan denean berak grabatutako guztia aurkitu dute eta bere telefono elkarrizketak ere argitaratu dituzte. Horrek zera esan nahi du: hitz egiten dugun dena ez dela pribatua eta gehienak edo guztiak grabatuta geratzen direla guk kontrolatzen ez ditugun tokietan.

Oroitzen naiz nola 1996 urtean ETAko neska kide baten egunerokoaren edukia argitaratu zuten, nahiz eta ez zuen inolako interesik ikuspegi polizial edo judizialetik. Orduan agertzen hasia zen morbo nazkagarria, orain araua bilakatu da eta erabat zabalduta dago.

Foucault filosofoak bere “Zaintzea eta zigortzea” liburuan panoptikoari buruz idatzi zuen, itxuraz libre zen gizarte batean zeuden kontrol egiturak salatzeko. Zoritxarrez ez dira seriotasunez hartu Foukaulten argudioak, eta orainaldian jasaten duguna itxukeria horren ondorioa da. Horrela ba, Benthamen eta Orwellen ideia sinesgaitzak errealitate bilakatu dira: gure telefono edo internet bidezko elkarrizketa guztiak garbatuta eta gordeta geratzen dira eta, ez engainatu, ez dira batere sekretuak epaile batek eskatzen dituen arte, baizik eta boterea maneiatzen dutenen esku geratzen direla. Eta botere hori ez da hauteskundeen bidez banatzen dena, botere ekonomiko dutenena baizik. Ez hemen, eta ez inon, ez dago aldarrikatzen den independentzia judizialik, ezta botere banaketarik ere. Dagoena da botere bakarra, ez hautatua eta bere interesak defenditzeko estatua erabiltzen duena. Eta botere hori moldatzen da uneoro dagoen errealitateari. Horrela, behar duenean, gerlak eragiten ditu, gaur ikus daitekeen bezala, eta, behar duenean, ongizate estatua bultzatzen du.

Alde on bat dauka, dena den, Koldoren inguruan gertatutako guzti honek: Hipokresia galtzen ari da bere eragina, engainatzeko gaitasuna ia ezerezean geratzen ari delako. Nor fidatuko da orain esaten edo agintzen denaz? Azkenean susmoaren filosofia politikara zabaltzen ari da eta instituzioei eskatu behar zaien gardentasuna opakutasuna bihurtu da sistema kapitalista honetan. Ahaztu, beraz, liberalismo hitza gure gizartea kalifikatu behar dugunean. Ahaztu ere Camusen burutazioak helburu eta bitartekoei buruz, jada ez du merezi hausnarketak egiteak etika ikuspuntutik helburua lortzeko zer bitartekoak diren onargarriak erabakitzeko. Hori ahuldunentzat geratzen da, ez dirurik ez armarik ez dutenentzat, alegia. Israelek egiten duena, Trump egiten duena eta usteldutako politikari guztiak sistema ekonomiko-politiko honen fruitua baino ez dira.

Kasu egin diezaiokegu nahi dugunari, askeak garela ere sinets dezakegu, baina ez da izango errealitatea ezkutatzen digutelako eta bera ezagutzeko tresnarik ez dugulako. Orain, Koldo eta antzekoei esker, Makiaveloren aholkuak politika egiteko bide bakarra bilakatu direla sinetsarazi nahi digute. Baina, ez da egia. Garaile ateratzen den proposamen politiko bakarra da gardentasunez transmititzen dena eta, honetan, ezkerra da denontzako mezua duen bakarra.

Fedea? Ez, eskerrik asko



Mundu fisikoari buruz, hau da, unibertsoari buruz, giza mundua barne (gizartea), bi ezagutza-mota daude: frogatua (lege fisikoak eta teorema matematikoak, adibidez) eta ez-frogatua, zeina, era berean, frogagarria (adibidez, hipotesi zientifikoak) edo frogaezina izan daitekeen (adibidez, jainkoaren edo paradisuaren existentzia), nahiz eta azken hori ez den benetako ezagutza, errealitaterik adierazten ez duten ideien ezagutza baino ez delako, eta ezagutzaren helburu nagusia erreala denaren egia delako. Frogatutako ezagutzatik nabaritasuna eta ziurtasuna daude, eta ez-frogatutik iritzia eta/edo sinesmena frogagarria denean eta ziurtasun irrazionala ("fedea" deitzen dena) frogagarria ez denean. Ezagutza, frogatua zein frogagarria, errealitate materialei edo materiatik sortuak diren errealitateei dagokie, nahiz eta ez izan nahitaez materialak. Adibidez, ideiak, oroitzapenak, ametsak eta abar ez dira materialak, baina haien jatorria materiala da, sortzen dituen burmuinik gabe ez bailirateke existituko. Ideiei buruz nabaria den ezagutza izan daiteke, matematikan gertatzen den bezala, Izan ere, burmuinak sorturiko axiometatik abiatzen delako, eta hortik ateratzen dira printzipio, lege, arau, teorema eta jakintza hori osatzen duten gainerako elementuak. Era berean, matematikaren barruan aieruak izango liratekeen sortutako proposizioak (baieztapenak) ere badaude, frogatuak edo ezeztatuak izateko zain daudenak. Frogaezina den ezagutza, ordea, materiaz sortu ez edo materialak ez diren ustezko errealitateei dagokie, hau da, adimen-sorkuntzei, eta, beraz, burmuin-sorkuntzei, benetako erreferenterik gabe, hala nola mitoei, liburu sakratuei edo izaki eta mundu ez-materialei erreferentzia egiten dieten erlijioen ia eduki guztiei, hala nola jainko, aingeru, deabru, titan, zeru, infernu eta abarrei. Irrealtasun horien ezagutzari deitzen zaio fede.

Frogatu ezin diren ezagutzek egiazko errealitateren bat islatzeko batzuek duten fedea ezjakintasunaren sakralizazioa da. Erreala denaren ezagutza bihurtzea ezereza izatearekin parekatzea da, ura ardo bihurtzea da, aurretik urik egon gabe. Historiaurrean gure aurretik zeudenek ez zuten federik, ez zekiten ez zekitela. Bertrand Russellek zioen bezala: «Ez gara bi eta bi lau direla edo lurra biribila dela dioen fedeaz ari. Fedeaz hitz egiten dugu ebidentzia emozioarekin ordezkatu nahi dugunean bakarrik». Inork ez du federik ezagutzari buruzko terminoari ematen zaion zentzuan, bere burua duena ezjakintasun onartua edo ezjakintasun ezjakina da. Gainera, kristau teologiaren ustezko bertute teologala inteligentziaren aurkako iraina da. Jainko infinituki on batek fedearen, itxaropenaren eta karitatearen (maitasuna) bertuteak nahi duenaren arabera banatzea, pertsona batzuei besteei ematen ez diena emanez, eta horrela abantaila bat emanez, sistema autoritario edo/eta kapitalisten pareko diskriminazio maila bat suposatuko luke, ustezko izaki perfektu batena baino gehiago. Egia da ez dela jainkorik eta, beraz, ez duela bertuterik banatzen. Ondorioz, geratzen den gauza bakarra da agerian uztea milioika pertsona bizi diren engainua, erlijio guztien, hau da, haien apaiz-kasten, oinarri direnak bizi direneko engainua.
Fedea espirituaren panazea da, psikoterapien, azterketaren eta ikerketaren ordezkoa. Beste aldearen (haraindiko) bermea da, arrazoimena, egiaz gizaki egiten gaituena, egiaren monopolio dutela esaten dutenei saltzearen kontura irabazia, ezerezaren monopolioa besterik ez badute ere. Fedeak errealitateari buruzko faltsukeria guztiak sostengatzen ditu, zientziaren teoria ukatzaile guztiak. Fedea da hiltzeko beldurraren aurrean segurtasuna eskaintzen duen xantaia; izan ere, testu kristauek jasotzen dutenez, federik gabe ezin da salbatu.

Filosofiaren historiako liburuetan, fedearen eta arrazoiaren arteko harremana aztertzen jarraitzen da, eta arazo hori kristautasunak sortu zuen, II-IV. mendeetan (Justino eta Tertulianorekin, besteak beste), fedea artaldea batuta mantentzeko nahikoa ez zela ulertu zuenean, batez ere sinetsi baino gehiago ulertu behar zuenari eta errealitateari azalpen arrazionalak bilatzen saiatzen ziren doktrinen alde (Alexandriako Hipatiarena, kasu) egiten zuenari. Orduan, Erdi Aro osoan zehar bezala, fedearen defendatzaileak ez ziren arrazoiaren aldeko apustua egiten zutenen oso amore-emaileak izan, eta arrazionaltasuna eta maitasunaren moraltasuna ahaztuta, Hipatia, Giordano Bruno eta beste hainbat pertsona hil zituzten. Gaur egun, arrazionaltasunaren aztarna oro gaindituz, fedearen asmakizun horrek, arrazoimenaren alternatiba eta, gainera, egiazko gisa, indarrean dirau aurrerapen zientifikoak alde batera utzi nahi dutenei esker eta, sekta negazionistekin gertatzen den bezala, Erdi Aroan iraun nahi dutenen obra eta graziaz, ez hainbeste fedeagatik, botereagatik baizik. Baina aukera faltsua da, egiazkotzat hartu nahi zen eta sartu nahi den edukia bera bezala. Ezin da irrazionala dena arrazional bihurtu, existitzen ez denari buruz arrazoitzea ezinezkoa delako. Faltsukeria baino ezin da salatu.

¿Fe?

 


Sobre el mundo físico, es decir, sobre el universo, incluido el mundo humano (la sociedad), caben dos tipos de conocimiento, el demostrado (leyes físicas y teoremas matemáticos, por ejemplo) y el no demostrado, que, a su vez, puede ser demostrable (p.ej., hipótesis científicas) o no demostrable (p. ej., existencia de dios o del paraíso), aunque este último no es verdadero conocimiento porque solo es conocimiento de ideas que no expresan ninguna realidad, y el principal objetivo del conocimiento es la verdad de lo real. Del conocimiento demostrado se tiene evidencia y certeza, y del no demostrado se tiene opinión y/o creencia cuando es demostrable y certeza irracional (a lo que se llama “fe”) cuando no es demostrable. El conocimiento tanto demostrado como demostrable se refiere a realidades materiales o cuyo origen es la materia, aunque no necesariamente sean materiales. Así, por ejemplo, las ideas, los recuerdos, los sueños, etc. no son materiales, pero su origen es material porque sin un cerebro que los genere no existirían. De las ideas se puede tener conocimiento que puede ser evidente, como es el caso de las matemáticas, porque parte de axiomas creados por el cerebro del que se deducen los principios, leyes, reglas, teoremas y demás elementos que componen ese saber. Y también caben conjeturas, que serían proposiciones (afirmaciones) generadas dentro de las matemáticas y que están a la espera de ser demostradas o refutadas. El conocimiento no demostrable, sin embargo, se refiere a supuestas realidades no materiales ni originadas por la materia, es decir, a creaciones mentales, es decir, cerebrales, sin referente real, como son prácticamente todos los contenidos de las distintas religiones que hacen referencia a mitos, libros sagrados, o a seres y mundos inmateriales, como son los dioses, ángeles, demonios, titanes, cielos, infiernos, etc. Es al conocimiento de esas irrealidades al que se denomina fe.

La fe en la que dicen basarse los conocimientos no demostrables, pretendiendo que reflejen alguna realidad verdadera es la sacralización de la ignorancia. Convertirla en conocimiento de lo real es equiparar la nada con el ser, es convertir el agua en vino sin que haya agua previa. Quienes nos precedieron en la prehistoria no tenían fe, tenían desconocimiento de su ignorancia. Como decía Bertrand Russell: «No hablamos de la fe de que dos y dos son cuatro o de que la tierra es redonda. Solo hablamos de la fe cuando queremos sustituir la evidencia por la emoción» Nadie tiene fe en el sentido que se le da al término referido al conocimiento, lo que se tiene es ignorancia consentida. Además, la supuesta virtud teologal de la teología cristiana es un insulto a la inteligencia. Que un dios infinitamente bueno reparta las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad (amor) según le venga en gana, concediéndoles a unas personas lo que no concede a otras, y dándoles de esa manera una ventaja, supondría un nivel de discriminación digno más de los sistemas capitalistas que de un supuesto ser perfecto. Bien es cierto que ni dios existe ni, por tanto, reparte virtudes, así que lo único que queda es desenmascarar el engaño en el que viven millones de personas y del que viven quienes constituyen los cimientos de todas las religiones, es decir, sus castas sacerdotales.

La fe es la panacea del espíritu, el sustitutivo de las psicoterapias y del estudio y la investigación. Es la garantía del más allá, ganada, eso sí, a costa de vender la razón, aquello que nos hace verdaderamente humanos, a quienes dicen poseer el monopolio de la verdad, aunque solo sea el monopolio de la nada. La fe sustenta todas las falsedades referidas a la realidad, todas las teorías negadoras de la ciencia. La fe es el chantaje que ofrece seguridad ante el temor a morir, porque, como recogen los textos cristianos, sin fe no es posible salvarse.

En los libros de historia de la filosofía, se sigue estudiando la relación entre la fe y la razón, problema que introdujo el cristianismo, allá por los siglos II-IV (con Justino y Tertuliano, entre otros) cuando comprendió que la fe no era suficiente para mantener el rebaño unido, sobre todo aquel que necesitaba entender más que creer y que se iba inclinando por doctrinas que, como la de Hipatia de Alejandría, procuraban buscar explicaciones racionales a la realidad. Entonces, como a lo largo de toda la Edad Media, los defensores de la fe no fueron muy condescendientes con quienes apostaban por la razón, y olvidándose de la racionalidad, y de la moralidad del amor, acabaron con la vida de Hipatia, Giordano Bruno y muchas personas más. Hoy, superando todo vestigio de racionalidad, ese invento de la fe como alternativa, y además verdadera, a larazón, sigue vigente por obra y gracia de quienes quieren ignorar los avances científicos y mantenerse, como ocurre con las sectas negacionistas, en la Edad Media, no tanto por una cuestión de fe sino de poder. Pero es una disyuntiva falsa, como el propio contenido que se pretendía y se pretende colar como verdadero. No se puede convertir en racional lo irracional porque no es posible razonar sobre lo inexistente. Solo cabe denunciar su falsedad.

Crítica a la custodia compartida



 Al leer la legislación del País Vasco acerca de la custodia compartida sorprende comprobar que, a pesar de recoger como condicionante el interés de los y las menores, olvida en prácticamente todo el articulado ese interés. Cabe suponer que también las personas redactoras de las leyes tienen experiencias de separaciones, pero es evidente que en la elaboración y aprobación de dichas leyes se ha impuesto, no el interés de los y las menores sino el de los progenitores, especialmente el de los hombres.

Al margen de que cualquier persona, sin necesidad de estudios sociológicos previos, puede constatar en quiénes recaen, en la mayoría de los casos, las tareas que requieren los cuidados de las y los menores, esto es, en las mujeres, hay otro elemento que, sin embargo, debería tener mayor trascendencia a la hora de decidir sobre la guarda y custodia, y es la opinión de las y los menores con “suficiente juicio”, como recoge la ley en uno de sus puntos. En cambio, parece que se ha extendido como regla general la práctica jurídica de otorgar la custodia compartida, obviando, en muchos casos, tanto el interés de las y los menores, como su opinión y sus preferencias.

El resultado de este desaguisado legal será, en muchos casos, niñas y niños con problemas sicológicos derivados de la obligatoriedad de convivir por igual con el padre y con la madre a pesar de sus preferencias manifestadas sin presiones ante el juez o la jueza que debe decidir. Al actuar así, las y los menores son tratados como objetos a repartir entre otros objetos (viviendas, dinero, enseres, recuerdos, regalos…) en vez de como sujetos, lo que dice poco acerca de lo acertado de estas leyes desde un punto de vista moral.

Las preferencias de las y los menores deberían ser, por tanto, el criterio principal para decidir a quién otorgar la custodia, que es perfectamente compatible con compartir tiempos de relación con el o la progenitora que no la posee. Pero la sensación interna de seguridad que ofrece saber cuál es tu hogar, sin tener que vagar de un domicilio a otro es algo de lo que puede das fe cualquier persona, incluidas, cómo no, quienes deben juzgar ese tipo de situaciones, seguridad imprescindible para que los y las menores tengan un desarrollo más humano que el que les obliga al cálculo de los días que faltan para poder estar con quien más desean estar.

Monumental esperpento

 


Hay opiniones y actuaciones políticas que no necesitan muchas explicaciones porque concuerdan con lo que cabe esperar conociendo la ideología de sus protagonistas. Hay otras, sin embargo, que son difíciles de entender precisamente porque no las esperamos por falta de acuerdo con lo que correspondería a su ideología y a su historia. Es lo que está ocurriendo con el monumento franquista de Iruña /Pamplona, en cuyo frontispicio se podía leer desde que se construyó y hasta hace pocos años: “Navarra a sus muertos en la Cruzada”, aclarando que esos muertos a los que se homenajeaba solo eran los de su bando fascista.

Sin recurrir al pasado histórico ni traer al presente lo que los partidos políticos han ido manifestando acerca de la existencia del Monumento a los Caídos erigido por el franquismo para honrar a sus muertos en el conflicto armado tras su golpe de estado, lo que mi experiencia me revela es que dentro del mundo situado en lo que se denomina la izquierda (término cuya atribución a determinadas fuerzas políticas es más que discutible) nadie ponía en cuestión su demolición si llegaba el caso de que esa izquierda tuviera mayoría suficiente para decidir su destino. Además, quienes habían sufrido cárcel o muerte de personas queridas a manos del fascismo, como es el caso de Josefina Lamberto, hermana de Maravillas, la adolescente de Larraga a la que los franquistas violaron y posteriormente mataron junto con su padre, también han manifestado en repetidas ocasiones su deseo de que ese monumento fuera derruido.

Pero, hete aquí que el nacionalismo vasco representado por Geroa Bai y EHBildu han hecho causa común con el PSE para que el monumento no sea derruido sino resignificado, tal como en 2018 pedía el partido de derechas UPN, que vendría a ser algo así como llamar al pan vino y al vino pan, es decir, tapar por aquí, acortar por allá y cambiarle de nombre. Y así, tatachán, el agua se convierte en vino y el monumento franquista pasa a ser monumento a la denuncia del fascismo, es decir, que sería un monumento que se denuncia a sí mismo. El esperpento, difícilmente superable, solo puede tener alguna explicación en el análisis sociológico de cara a las elecciones que hacen los partidos promotores de este sinsentido. Como va ocurriendo cada vez con más asiduidad, se trataría de que los temores al lobo de la izquierda y del nacionalismo que avientan las derechas entre la ciudadanía se disipe, mostrando un perfil aterciopelado, aunque el resultado a corto plazo sea hacerlos indistinguibles unos de otros.

Quizás esos partidos, y quienes apoyan esa decisión “resignificadora”, hayan mirado fuera de nuestras fronteras para observar qué es lo que han hecho otros países con situaciones similares. Y, claro, han encontrado que varios países que sufrieron la lacra del nazismo y de sus campos de exterminio han decidido mantenerlos como recuerdo de lo que allí sucedió para evitar el olvido y, de paso, su repetición. Si ese ha sido el paradigma en el que basar su empeño en el mantenimiento de ese monumento, solo cabe decir que su ignorancia supera con mucho su supuesta buena fe. En efecto, no es lo mismo mantener los lugares donde fueron masacradas millones de personas que mantener los lugares que glorificaban a los fascistas. Si quienes son responsables de esos partidos y sus militantes no son capaces de comprender esa elemental diferencia que en absoluto desaparece por cambiar el nombre al edificio, insultando de paso a Maravillas, a su hermana Fermina y a muchas republicanas que guardamos en la retina todo lo que esa miserable construcción ha representado y representa, quizás logren que su imagen mejore entre las herederas de aquellos fascistas, pero muchas personas de izquierdas y republicanas ni lo olvidaremos, ni se lo perdonaremos.

lunes, 6 de enero de 2025

¿Voluntad?

 


Hay ideas que se resisten a abandonar el espacio y el tiempo intelectual en el que habitan; otras, sin embargo, tienen una existencia limitada tanto en uno como en otro. Entre las primeras, sin lugar a dudas, las de ‘dios’ y ‘alma’ han sido de las más persistentes, y no porque reflejen una mayor realidad que otras, sino porque en ellas se fundamenta el poder, la dominación de unos seres humanos sobre otros.

Cada idea, sin embargo, tiene asociadas otras muchas cuya existencia va unida a la existencia de aquella. Es el caso del alma y de las ideas que históricamente se han asociado a la misma bajo el nombre de ‘facultades’ o ‘potencias’ como son: el entendimiento, la sensibilidad y, la más importante, como veremos, la voluntad. El uso del concepto de ‘facultad’ para referirse a estas últimas, sin embargo, ha ido desapareciendo con el paso del tiempo y el desarrollo de la psicología como ciencia empírica, lo que, a su vez, ponía en cuestión la existencia del alma que quedaba prácticamente sin funciones.

Para lograr la pervivencia del alma, ha habido un intento muy extendido por transformarla en algo menos religioso, más de acuerdo con los tiempos -como acostumbran a hacer quienes se resisten a perder espacios de influencia y poder-, incluso con la intención de acercarla al ámbito científico, pasándose a llamarla ‘mente’. Sin embargo, el cambio de nombre no ha supuesto la modificación de gran parte de su significado, cumpliéndose aquello que Horacio afirmó: “mutato nomine de te fabula narratur”. Así, lo que antes se denominaban ‘facultades’ del alma, como es el caso de la ‘voluntad’ y del ‘entendimiento’, tal y como los ensalzados filósofos de la antigüedad, Platón y Aristóteles, afirmaron, y toda la teología cristiana (porque decir ‘filosofía cristiana’ es un contrasentido) sostuvo y sostiene, ahora lo serían de la mente. En este proceso de maquillaje, los defensores del alma/mente se han visto obligados a hacer algunas concesiones de escasa importancia para ellos, como ha sido ceder al cerebro funciones como la memoria, la sensibilidad e incluso el propio entendimiento (ahora ‘inteligencia’), pero, sin embargo, han reservado para el alma/mente lo que consideran primordial a la hora de mantener su estatus: la voluntad. Esta es clave porque a ella va unida la idea de libertad, y a esta la de ética y política.

Toda la vida social y política descansa sobre la existencia de la voluntad que, además, se nos presenta como independiente de cualquier condicionamiento externo, y libre, de tal forma que, sean cuales sean las circunstancias, las respuestas que demos serán responsabilidad nuestra y solamente nuestra. El derecho penal no existiría como lo conocemos sin esa concepción de la voluntad. El trinomio voluntad-libertad-responsabilidad es la garantía última de todos los sistemas de dominación. Elegir vivir en vez de morir cuando el enemigo había vencido convertía a cualquier persona en su esclava, elegir trabajar en condiciones inhumanas en vez de morir convirtió a muchas personas en lumpenproletariado en los inicios de la industrialización; elegir trabajar por un salario de miseria en vez de malvivir las convierte, hoy en día, en objetos de usar y tirar, en habitantes de los márgenes, en marginadas.

Sin embargo, nada hace pensar que la voluntad tenga que tener un origen distinto al resto de capacidades humanas, todas ellas radicadas en lo que llamamos ‘cuerpo’, aunque no sean corpóreas. Capacidades que, dicho sea de paso, dependen de la constitución que tenga ese cuerpo y de las experiencias que vaya acumulando. Dichas capacidades solo se descubren en la práctica, es decir, cuando se da el encuentro de la sensibilidad con aquello que es estímulo para ella. No sabemos qué es ‘ver’ hasta que aparece la luz, no sabemos qué es oír hasta que aparecen los sonidos.

Del mismo modo, lo que entendemos por voluntad, no es algo innato que exista al margen de toda experiencia; por el contrario, es la experiencia la que va forjando la voluntad, de tal forma que nacer en una familia pobre con unas progenitoras que transmiten desprecio y abandono, condicionará el desarrollo de la voluntad de su descendencia. No se es libre para elegir nada de lo que hace que la voluntad se desarrolle. No elegimos la voluntad que tenemos. Por eso, el liberalismo, viejo y nuevo, miente cuando utiliza la libertad para justificar las desigualdades, y culpabilizar a la persona de su situación en el mundo. Y miente porque su doctrina cumple la doble función de garantizar la situación privilegiada de sus defensores, y de tranquilizar sus conciencias.

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Tener y ser: la vida

Parafraseando el título de una de las últimas obras de E. Fromm, me propongo analizar la relación que, explícita o implícitamente, se ha ido estableciendo entre la persona y la vida, relación que se refleja en el lenguaje.
Centrándome en el castellano, tenemos múltiples expresiones que manifiestan una relación de posesión de la vida por parte de la persona; así, por ejemplo, decimos "le ha quitado la vida", "le debe la vida", "dio su vida por...", "se jugó la vida", etc. En todos los ejemplos citados, y en otros muchos, la vida es algo que se tiene y que se puede dar y quitar, por tanto. Sin embargo, la realidad dista mucho de ser así, salvo que creamos en un ser, llamémosle dios o como se quiera, causante de la vida, pero, en este caso, entramos en el mundo de la irracionalidad. Efectivamente, no existe un previo de persona a la que en un momento dado se le otorga o presta -según distintas versiones- la vida, como tampoco existe un posterior de persona, una vez que la vida ha terminado por las razones que sean. El óvulo y el espermatozoide SON seres vivos, y su unión, en el caso de los humanos, es la que posibilita que nazca un ser vivo al que llamamos persona. SOMOS, pues, seres vivos, no algo o alguien que tiene vida. 
Esta evidencia ha estado y está enmascarada por una visión de la vida como algo que no nos pertenece, y las consecuencias de esta creencia -que carece de todo fundamento racional- tienen un gran alcance, pues impregna muchos ámbitos de la vida social, desde la moral a la legalidad, pasando por las costumbres y el arte. 

jueves, 5 de diciembre de 2024

Izquierda y derecha, ¿extremas?


En la manipulación del lenguaje, a la que nos tiene acostumbradas el poder económico-político, el término “extremo-a” ocupa un lugar preeminente. En efecto, lo ha utilizado y utiliza con tal profusión que ya forma parte del discurso común, el que se ha situado por encima de las ideologías, porque la que debiera ser negadora de ese poder también lo ha incorporado, sin crítica, a su vocabulario.
Con él se catalogan las tendencias políticas que a dicho poder (capitalismo liberal) le resultan, cuando menos, incómodas. Por eso, es fácil leer y oír mensajes donde se hace referencia a la “extrema izquierda” o a la “extrema derecha”, quedando implícito el hecho de que, como señala la RAE en una de sus acepciones, son propuestas “excesivas” y “exageradas”. Y, como todo lo que es excesivo o exagerado es negativo, catalogar a determinadas formaciones políticas de “extremas” equivale a valorarlas negativamente. De este modo, se consigue que el contenido de lo que sea su ideario político quede de antemano, y para la mayoría de la ciudadanía, desvirtuado, si no totalmente oculto.
Por otra parte, la equidistancia y neutralidad que se pretende manifestar al igualar a determinada derecha y a determinada izquierda con el adjetivo de “extremas” es pura falacia. En efecto, la llamada “extrema derecha” se define, por lo menos en Europa, como nacionalista, xenófoba, racista y mayoritariamente violenta, mientras que en la “extrema izquierda” se incluye a anticapitalistas, anarquistas, comunistas, y a algunos grupos socialistas y/o nacionalistas al margen de que sean o no violentos. La simple comparación nos descubre que, para el sistema, la xenofobia y el racismo están al mismo nivel de negatividad que la búsqueda de la igualdad económica y política o la defensa de los derechos para todas las personas sin distinción. También pone en evidencia que el abanico de opciones ideológicas englobadas dentro de la “extrema derecha” es muy inferior al de la “extrema izquierda”. Pero, y sobre todo, coloca dentro de la “normalidad” a los grupos políticos no englobados en ninguno de esos extremos, y ya se sabe que lo normal es bueno si se compara con lo excesivo.
Si “extremo” es sinónimo de “excesivo”, habrá que concluir que quien favorece la acumulación de riqueza con su correspondiente generación de pobreza, la expulsión de inmigrantes o su abandono al huir de la guerra o del hambre, los desahucios que dejan a personas sin hogar, la carestía de los bienes básicos para una vida digna, etc, debería ser considerado extremista con más razón que la que se utiliza para denominar de ese modo a quienes se oponen a esos “excesos”.

viernes, 12 de abril de 2024

Nongoa zara?

 



 Jaiotzen garenetik hil arte, omen, gure izatea etengabe zehazten/mugatzen dute. Askoz zabalagoa litzateke gure izatea “abizenik” gabe, hots, zehaztapenik gabe. Ez dakit instintuen eraginagatik den edo gizarteak artifizialki sortutakoa, baina garbi dagoena da gure joera hori dela, hau da, zehazterako joera. Eta zehaztasun bakoitzak bereizketa eta, batera, taldeak sortzen ditu. Zehaztasun hori dutenek talde bat sortuko dute eta zehaztasun horren barruan sartzen ez direnak kanpoan geratzen dira, beste taldekoak izatera pasatuz. 

Izenburuan agertzen den galdera zehaztasun mota bat litzateke, itxuraz sinple, arrunta, gardena, ideologiarik gabekoa, edonork erabiltzen duena eta bigarren esanahirik gabekoa dirudiena…

Ba, ez! Zehazteko galdera gehienak bezala, maltzurra, hautatzailea, sailkatzailea, ideologia baztertzaileak sortutakoa da.

Litekeena al da zauden tokikoa ez izatea? Ez. Izatea bakarrik orainaldian izan daiteke; beraz, galdera horrek ez du zentzurik, zeren eta erantzun posible bakarra da “hemengoa naiz”. Ez iraganean ezta etorkizunean ere ez gara, eta ondorioz, galdera hori egitean ezagutu nahi duguna jakingo genuke aldez aurretik eta erretorikoa izango litzateke, informazioa lortzerik emango ez duena.

Beraz, zer da galdera horrek izkutatzen duena edo, hobe esanda, zergatik egiten dugu galdera hori?

-“Garbi dago, mutil, honekin jakin nahi dena da non jaio den pertsona bat, besterik gabe” -esango didate gehienek-.

Baina ez da besterik gabe, zoritxarrez: jaio garen lekuak/herriak gure izatea eratzen duelako ustea barneratuta dugu, kontziente edo inkontzienteki, hau da, uste dugu jaioterria baino askoz gehiago jakitea lortuko dugula galdera hori egitean. Eta oker galanta hori aurreiritziak sortua da, beste aurreiritzi askoren iturria delarik. Izan ere, norbait ezagutu ezean bere jaioterria ezagutzeak nor (eta nolakoa) izan daitekeen baieztatzera garamatza.

Horregatik, hain zuzen, askotan modu ezberdinez erantzuten zaio galdera horri, segun nor den galdetzen duena. Aurreiritziak “hurbil” kokatzen badu galdera egiten duena, jaioterria edo hiria aipatzen da; urrutiago kokatzen badu, eskualde; urrutiago bada, autonomia; eta urrutiago bada, askenik, estatua. Eta botere jokoan sartzen gara maiz, zeren eta segun zein den galdetzen duenaren maila soziala jaiolekua edo bizilekua aipatzen da, ezberdinak badira noski, edo biak, baina lehentasuna haietariko bati emanez. Horrela, “Madrilen bizi naiz, baina jaiotzez Mañerukoa naiz” esatetik, “Madrilekoa naiz” esatera pasa daiteke, uste baita jaioterriak eragina daukala besteekiko erlazioetan.

Eta, ziur aski, egia da jaioterriak baldintzatzen duela aurrean dugun lagunaren mailaketa. Zoritxarrez, jaioterriari ematen zaion garrantzia errealitatean gertatzen denarekin lotuta dago. Hain zuzen ere, hiri handietan jaiotzeak edo bizitzeak bertan bizi diren lagunei nolabaiteko handikeria ematen die, dituzten gaitasunak hirien tamainarekin konfundituz.

Aurrekoa, baina, ez da lengoaiaren tranpa bakarra. Hasieran esan bezala, jaiotzen garenetik gure izateari zehaztasunak (mugak) jartzen zaizkio eta muga bakoitza indibidualtasuna azpimarratzeko egina dago, besteengandik bereizteko eta banatzeko alegia. Gramatikan, izenondoak deitzen dira muga horiek. Benetan, izenondo mota batek bakarrik balio beharko luke pertsonak zuzentasunez bereizteko: izenondo moralak, alegia. Beste gainerakoak bereizteko baino banatzeko eginak daude. Hasten da izenarekin, zeinak gizon edo emakumea garela adierazten duen; geroago, kasu gehienetan, batailatuta gara beste erlijioetatik bereizteko; hurrengoa, erregistro zibilean inskribatzen gaituzte eta horrela hiritartasunaren parte bihurtzen gara, hots, “hemengoak” izatera pasatzen gara kanpotarretatik bereizteko. Eta hori guztia guk kontzienteki parte hartu gabe, besteek gure ordez egiten baitute.

Lengoaiak errealitatea adierazteaz gain aurreiritziak ere agerian uzten ditu. Idatzi honen hasierako galderaren bidez aurrean dugun laguna kokatzen dugu berari buruz ezer gehiago jakin gabe. Aipatzen duen tokiak (“nongoa zara” galderari erantzuten diona) gutarra den edo ez adierazten du eta, ez hori bakarrik, segun eta zein den toki hori barneratuta ditugun tokien hierarkian sailkatzen dugu. Izan ere, tokiaren bidez lehen mundukoa den edo ez, zer nolako kultura daukan, herrikoa edo hiritarra den, eta abar... Eta horren arabera gure jarrera egokituko da, modu berdinean edo ezberdinean tratatuko dugularik.

Zaila da, ditugun ohiturak kontuan izanda, aurreiritzirik gabeko ezagutza izatea giza erlazioetan, eta erronka ederra dugu gure aurrean hori lortzeko. Horregatik oso inportantea da lengoaiaren mekanismoek nola funtzionatzen duten jakitea bere tranpetan ez erortzeko. Erronka horrek gure ahalegina merezi duelakoan nago.


La mentira de la objeción de conciencia

 



Estos son los párrafos sobre objeción de conciencia extraídos de las distintas leyes en las que se legisla sobre ella.

“La ley fijará las obligaciones militares de los españoles y regulará, con las debidas garantías, la objeción de conciencia, así como las demás causas de exención del servicio militar obligatorio, pudiendo imponer, en su caso, una prestación social sustitutoria” (Art. 30. 2 de la Constitución).

“Los españoles sujetos a obligaciones militares que, por motivos de conciencia en razón de una convicción de orden religioso, ético, moral, humanitario, filosófico u otros de la misma naturaleza, sean reconocidos como objetores de conciencia quedarán exentos del servicio militar, debiendo realizar en su lugar una prestación social sustitutoria”. (Art. 1.2 de la Ley de Objeción de Conciencia del año 1998 que modifica la del año 1984).

“Las personas profesionales sanitarias directamente implicadas en la práctica de la interrupción voluntaria del embarazo podrán ejercer la objeción de conciencia, sin que el ejercicio de este derecho individual pueda menoscabar el derecho humano a la vida, la salud y la libertad de las mujeres que decidan interrumpir su embarazo”. (Art. 19 bis. 1 de la “Ley de interrupción voluntaria del embarazo”).

“La prestación de ayuda para morir estará incluida en la cartera común de servicios del Sistema Nacional de Salud y será de financiación pública. (Art. 13.1 de la LORE)”. (La Cartera contiene los servicios necesarios para llevar a cabo una atención sanitaria adecuada, integral y continuada a todos los usuarios del Sistema Nacional de Salud).

“Los profesionales sanitarios directamente implicados en la prestación de ayuda para morir podrán ejercer su derecho a la objeción de conciencia”. (Art. 16.1 de la LORE).

¿Qué tienen en común las objeciones de conciencia recogidas en las distintas leyes?

·         El Tribunal Europeo de los Derechos humanos (TEDH) no reconoce la objeción de conciencia como un derecho fundamental y deja en manos de los estados su regulación. Rechazó el recurso de dos enfermeras suecas que pretendían objetar a la realización de abortos. Ni Suecia ni Lituania ni Finlandia permiten la objeción de conciencia para atender abortos.

·         En la Constitución Española no se reconoce expresamente el derecho fundamental a la objeción de conciencia.

·         Todas emanan de la Constitución, que regula la objeción de conciencia para el caso del servicio militar obligatorio, algo que hoy en día ya ha desaparecido.

·         Las objeciones al aborto y a la eutanasia están recogidas en las propias leyes reguladoras de ambos derechos.

·         En todos los casos se reconoce como un derecho individual, es decir, que no cabe la objeción institucional.

·         Salvo error u omisión, solo están reconocidas las objeciones de conciencia citadas. Cualquier otra que se quiera plantear deberá ser incluida en la ley correspondiente.

 

¿En qué se diferencian esas leyes? Dos diferencias fundamentales:

·         La objeción de conciencia al servicio militar lo era a una obligación que afectaba a todas las personas varones salvo las excepciones por razones de determinadas limitaciones físicas, enfermedades o carencias. Ninguna de las otras objeciones responde a obligaciones previas al ejercicio de la actividad profesional.

·         La objeción de conciencia al servicio militar obligatorio establecía la obligatoriedad de realizar una prestación social sustitutoria mientras que en las otras dos no existe la exigencia de ninguna labor sustitutoria para quienes la ejercen.

 

REFLEXIONES

 

Las normas que regulan la vida en sociedad deben ser fruto del diálogo entre las distintas visiones que la componen, pero aceptar el diálogo no debe equivaler a aceptar como igualmente válidas todas las opciones, sino estar dispuestas a aceptar que hay propuestas mejor razonadas que otras. Y como no puede haber diálogo sobre dogmas, es exigible que quienes los defienden no participen del diálogo que guarda relación con dichos dogmas, porque el diálogo sobre los temas humanos pertenece a los humanos y no cabe que en él intervengan las divinidades o entidades no humanas, cos que exigen los dogmas religiosos. Así que, en lo referente a la ayuda para morir o el aborto, solo cabe el diálogo entre quienes nos regimos por las normas que emanan de la sociedad, no de las religiones. Eso significa que las creencias deben de tener un ámbito propio en el que las normas afecten a quienes forman parte de esas religiones, pero nunca, ni en ningún lugar, las normas civiles deben basarse en los dogmas de obligado cumplimiento que niegan e impiden el diálogo.

La conclusión de esto es que las normas sociales pueden entrar en contradicción con los dogmas religiosos, como ocurre en los casos de los que tratamos, lo que, en última instancia, fundamenta falazmente gran parte de las objeciones de conciencia que se plantean bajo el pseudo argumento de que la conciencia individual está por encima de los derechos de la ciudadanía. Esa contradicción se resuelve eligiendo otras opciones laborales que no estén sujetas a las obligaciones que imponen las leyes a quienes trabajan en la administración pública.

Tanto el aborto como la eutanasia están incluidos dentro de la cartera común, es decir, son servicios que deben ser cubiertos por el sistema público de salud. Siendo esto así, ¿cómo es posible que se permita que quienes trabajan en dicho sistema puedan negarse a realizar esos servicios? Lo lógico sería que quienes no quieren asumirlos trabajen en centros privados donde no exista esa obligatoriedad o que se dediquen a otra actividad profesional, del mismo modo que no se entendería que quienes objetaban al servicio militar obligatorio hubieran querido desarrollar su actividad profesional en el ejército y realizar todas las actividades de la institución militar menos la de portar o utilizar armas.

Eso es lo que ocurre, por ejemplo, en la enseñanza, donde los centros religiosos, aun siendo subvencionados con dinero público, pueden exigir a sus trabajadoras la aceptación del ideario del mismo sin posibilidad de objetar.  

De lo recogido hasta ahora se extrae la conclusión de que objetar al aborto y a la eutanasia no solo sale gratis, sino que perjudica a quienes no objetan porque a las actividades propias de su trabajo tienen que añadir, sin compensación, las que recogen las nuevas leyes.

Las personas objetoras solo tienen la obligación de apuntarse en un registro que no es público, lo que, además de favorecer la objeción por conveniencia (no es posible determinar cuándo dicha objeción es realmente de conciencia o por interés) impide a las pacientes poder elegir a la persona que se va a hacer cargo de su situación sanitaria con conocimiento previo de si son o no objetores a ese derecho.

Las objeciones de conciencia reconocidas tienen que ver con aquellos derechos impulsados por la izquierda y rechazados hipócritamente por una derecha que, como en el caso del divorcio y del matrimonio del mismo sexo, una vez aprobados hace uso de los mismos. Es cuando menos sorprendente que quienes se negaron política y moralmente en su día a la objeción de conciencia al servicio militar sean ahora quienes más reclaman el derecho a la objeción.

Admitir y apoyar la objeción de conciencia significa poner al mismo nivel de credibilidad los argumentos de quienes están en contra de determinados derechos y los de quienes están a favor de los mismos, lo que deja en evidencia el escaso convencimiento de las personas responsables de elaborar las leyes que garantizan los derechos, así como la moralina que subyace en quienes diciéndose de izquierdas se empeñan en apoyar todas las objeciones de conciencia sin excepción, pues dan pábulo a las razones de quienes se van a oponer a las mismas.

¿Qué razones pueden esgrimirse para, siendo una médica o un médico, no ayudar a morir o a abortar, es decir, para negarse a respetar las leyes respondiendo a la demanda de quien la solicita cumpliendo los requisitos establecidos por dichas leyes? Las razones para rechazar la eutanasia ya fueron expuestas por las representantes políticas en el lugar donde se dirime la aceptación o el rechazo de las leyes, es decir, en el Parlamento. La instancia no son los centros religiosos o filosóficos sino los políticos, como se deduce de lo dicho hasta ahora.

Así pues, no debería caber la objeción de conciencia en aquellos servicios públicos recogidos en normas refrendadas por quienes representan a la ciudadanía porque ser médica o enfermera no es una obligación sino una elección. Este principio debe, sin embargo, tener una excepción, que sería la de aquellos casos en los que el proceso para ocupar plazas públicas relacionadas con esos servicios (aborto y ayuda para morir) haya sido previo a la aprobación de las leyes que los regulan. Eso significa que la obligatoriedad de cumplir las leyes y negar la objeción de conciencia solo es exigible a quienes inician sus estudios con posterioridad a la aprobación de dichas leyes.

Para terminar, señalar que la objeción de conciencia se ha convertido en un instrumento de presión política por parte fundamentalmente de los partidos de derecha y fascistas, que la utilizan para obstaculizar el desarrollo de las leyes que no son de su agrado, sirviéndose de objeciones institucionales encubiertas, que están prohibidas por ley (como es el caso de que ninguna profesional esté dispuesta a prestar la ayuda para morir o para abortar en algunas poblaciones o provincias), de la presión por parte de algunos colegios profesionales (como el de médicos), de las iglesias o de los equipos de los centros de salud y hospitales.

viernes, 2 de febrero de 2024

La falacia de la “calidad”

 



Siendo sincero, parecía innecesario tener que dar explicaciones de por qué las distintas propuestas de calidad, provenientes tanto de las instituciones como de otro tipo de organismos más “inocuos”, deben ser rechazadas por quienes trabajamos en la enseñanza. Pero como, sorprendentemente para mí, ha calado en algunas mentes que yo consideraba críticas –aunque, bien es cierto, que muchas de ellas ya han abandonado el barco y la euforia inicial va dejando paso al desencanto-, me siento en la obligación de hacer algunas reflexiones sobre el asunto. 

Las distintas propuestas que se plantean, tanto institucionales como no, tienen una raíz común:

“Los sistemas de calidad aparecieron en 1951. El control de calidad, uno de los elementos de la gestión de calidad, surgió, como quehacer de la industria, después de la Segunda Guerra Mundial y sus principios los codificó J.M. Juran en 1951 en su Manuscrito del control de calidad (...). Los avances realizados en este campo han estado siempre en manos de los militares pues empezaron para inspeccionar las armas durante la Segunda Guerra Mundial. En 1959, la primera norma estatal sobre el programa de calidad, el MIL Q 9858A, lo elaboró el Departamento de Defensa de EE.UU. En 1968, le siguieron las Publicaciones para Asegurar la Calidad (AQAP) elaboradas por la OTAN. Al poco tiempo, en 1970, el Ministerio de Defensa de Gran Bretaña publicó una versión británica del AQAP y, en 1972, el Organismo para la Reglamentación Británico publicó el BS 4891, la Guía para Asegurar la Calidad”.    

Esta es la historia contada por quienes se dedican a extender los sistemas de Control de Calidad. A su origen militar siguió su utilización en la industria, tanto en EE.UU. como en Japón, entre otros. Pero así como en el caso de la industria militar la finalidad fundamental, cuando estos sistemas surgieron, era el logro de una mayor precisión y la eliminación de errores, en la industria en general, incluyendo ahora también la militar, muy privatizada, los objetivos serían que “si se cumplen desde el primer momento las obligaciones –vinculadas al Plan de Gestión de Calidad para conseguir, por ejemplo el ISO 9000- no habrá ningún tipo de pérdida, los costos serán mínimos y las ganancias máximas”.

Las aportaciones a la Calidad han sido variadas a lo largo del tiempo, y ha habido algunas con criterios más “humanos” o, lo que es lo mismo, menos mercantiles, como sería el caso de K. Ishikawa y su Control Absoluto de la Calidad: revolución conceptual. En concreto, esto es parte de lo que afirma:

Cuando quien gestiona una empresa decide establecer en la misma el control de calidad, debe regular todos los procesos y los procedimientos y, posteriormente, con atrevimiento, delegar su poder en los subordinados. El principio básico de una administración acertada consiste en dar la posibilidad de que los subordinados tengan la posibilidad de aprovechar totalmente sus capacidades...Todos los que tienen que ver con la empresa tienen que sentirse cómodos y orgullosos de la misma y, a la vez, aprovechando sus capacidades, deben realizar sus potencialidades personales...Es un sistema del que participan todos los empleados, de arriba abajo y de abajo arriba, y que respeta totalmente la humanidad”

 En todo caso, aunque los medios cambien, el objetivo siempre es el mismo: el mayor rendimiento en el menor tiempo posible y con los menos gastos posibles. Por eso, la aparente “humanidad” que destila el texto arriba reflejado, y otros similares, puede resultar más dañina que cuando abiertamente expresan la verdadera intencionalidad. La razón es obvia, los subordinados se convierten, aparentemente, en gestores de la empresa, es decir, forman parte de ella y ella de sus vidas, se implican más, la sienten como suya, PERO NO ES SUYA. En esto radica el engaño, engaño que fácilmente se puede comprobar cuando llegan tiempos de crisis. Efectivamente, cuando los beneficios no son los esperados o se acumulan pérdidas viene la reducción de personal tan habitual, por desgracia, últimamente; entonces ya no se es empresa y la cruel realidad se impone. Pero hasta entonces, esas personas han dado lo mejor de sí mismas recibiendo, a cambio, el salario que tienen asignado y llevándose la dura impresión de que, como era gestor de la empresa, suya es la culpa de la crisis y debe pagar por ello. En fin, una diabólica forma de eliminar la confrontación social y de crear un ejército de personas sometidas para siempre.

La razón de todo este empeño por la calidad no es otra que la disminución del mercado, es decir del número de personas que pueden y quieren acceder a los productos que se ponen a la venta. Como existe un exceso de productos en el mercado del primer mundo, que es el que puede acceder a ellos, la competencia ya no se establece solamente en términos de cantidad sino de calidad. Ahora el consumidor, el cliente en terminología de la Calidad, ha pasado a ser el rey. De ser alguien sin criterios se ha convertido en una persona que sabe lo que quiere y que, además, sabe distinguir la calidad de lo que se le ofrece. De ahí que Alberto Galgano, en su obra Gestión de la Calidad total: alternativas señale que los cuatro deseos del cliente que hay que respetar son la calidad, el precio, el servicio y la fiabilidad. Pero la calidad es algo que se pretende imponer a todas las personas vinculadas a la empresa, para evitar lo que, en un principio, sucedía en EE.UU., donde solamente el núcleo dirigente de las empresas se hacía cargo de ella, con resultados nada alentadores. Para reflejar esto, las nuevas tendencias, que tienen su raíz en Japón, lo llamaban despectivamente la “calidad de los cuatro gatos”. El nuevo planteamiento de la calidad tiene como objetivo “lograr que todas las personas de la empresa se preocupen de la calidad y, más aún, que la calidad impregne toda la empresa, lo que significa que hay que estructurarla en torno a la misma”. Para lograrlo se proponen “procurar un cambio del modo de pensar de la gente y, para eso, es imprescindible que la dirección de la empresa asuma, también, la dirección del control de calidad de la misma”.

Lo dicho hasta ahora explica por qué toda la información acerca de la mejora de la calidad ha estado vinculada, hasta hace poco tiempo, a las empresas productoras de mercancías, sean las que fuesen. Pero, claro, vivimos en un mundo donde se intenta hacer de cualquier actividad negocio y, así, fruto de la moda por la calidad, han ido surgiendo grupos de personas que, conocedores de los entresijos de los sistemas de control calidad –o de la calidad total, como ahora les gusta que se llame- han hecho de ese conocimiento su forma de vida o, si se quiere, su negocio montando toda una red de “especialistas” que han expandido a través de charlas, y con bastante apoyo oficial, la ideología de la calidad, cantando sus virtudes y encontrando gran receptividad, tanto en el mundo empresarial -que ha visto en ello el filón de implicar a los trabajadores para conseguir más productividad o mejores ventas a cambio de nada, o de las cantidades que deben pagar a los promotores del sistema- como en las distintas administraciones, que buscaban con denuedo la forma de reducir las plantillas de trabajadores públicos sin que la población se les echara encima y que han encontrado la solución en la implicación “gratuita” y “voluntaria” de unos trabajadores dispuestos a redimirse de su apatía política y sindical a través de la visión calvinista y opusiana del “salvémonos en el trabajo”. Y así ha surgido, de una necesidad “inventada”, puramente artificial, un grupo de personas que se denominan a sí mismas “líderes”, que han establecido una red de especialistas que, con el beneplácito de las administraciones, tanto de la comunidad autónoma vasca como de la navarra, y con el apoyo de las confederaciones de empresarios, se dedican a controlar “objetivamente” la calidad del trabajo tanto en las empresas privadas como públicas.

Con lo afirmado hasta ahora se comprenderá que, al intentar implantarla en la educación, haya tenido prioridad el ámbito científico técnico –sobre todo este último- y, en concreto, las enseñanzas de Formación Profesional. Sin embargo, y a la vista de las grandes ventajas que ofrece a cambio de la poca inversión que exige, el modelo ya ha llegado al resto de los centros educativos, a la sanidad, etc. En el caso de la educación, es necesario constatar que, lo que en un principio tuvo una buena acogida, se ha ido diluyendo con el paso del tiempo y, sobre todo, con la constatación de que la mal llamada calidad sólo traía más trabajo, mientras que los beneficios eran repartidos entre muy pocas personas, algunas de ellas convertidas en profesionales del asunto.

Para aliviar esa decadencia sin freno, se intentan acelerar los procesos de consecución de Certificados de Calidad, se pretende competir con los centros de la red privada, donde esos certificados los tienen otorgados prácticamente desde su fundación, pues aquí es perfectamente aplicable el dicho de “yo me lo guiso, yo me lo como”; se quiere, en suma, privatizar la enseñanza pública, mejorar la relación beneficios-coste con la buena voluntad de las personas que en ella trabajamos, pero sin ninguna aportación económica por parte de la Administración, e implantar una jerarquía de centros en función de los logros de certificaciones, generando una competitividad entre los mismos, en vez de potenciar la solidaridad.

Además, y lo que es más grave todavía, se mantiene el empeño en cuantificar lo no cuantificable, en convertir en número a las personas, en tratarlas como objetos de trabajo, es decir, como cosas, olvidando que lo subjetivo existe y que es tan valioso en la realidad humana como lo objetivo; ignorando, en suma, que en la elaboración de mercancías el punto de partida se puede considerar como constante, a efectos de mercado, y que lo que se pretende es que, mediante una “regulación del proceso”, el producto final sea de más calidad para poder responder a las exigencias de ese mercado, hoy más “selecto”, pero se olvida, como decía, que en la educación las personas tienen una historia singular, única, un desarrollo físico, psicológico, familiar y social que no es cuantificable pero que determina el resultado final, que es, fundamentalmente, el que se tiene en cuenta al elaborar los informes que van a ser objeto de valoración y que después van a servir para juzgar, de paso, al profesorado y a su trabajo, así como al funcionamiento del centro en su conjunto.

NO A ESTA CALIDAD